lunes, 21 de agosto de 2017

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO - A


Lectura del libro de Isaías (56,1.6-7)

Así dice el Señor: «Guarden el derecho, practiquen la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria. A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.»

                                                                               Palabra de Dios


Salmo responsorial 66,2-3.5.6.8


R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben

El Señor tenga piedad y nos bendiga, 
ilumine su rostro sobre nosotros; 
conozca la tierra tus caminos, 
todos los pueblos tu salvación. R/.

Que canten de alegría las naciones, 
porque riges el mundo con justicia, 
riges los pueblos con rectitud 
y gobiernas las naciones de la tierra. R/. 

Oh Dios, que te alaben los pueblos, 
que todos los pueblos te alaben. 
Que Dios nos bendiga; 
que le teman hasta los confines del orbe. R/.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (11,13-15.29-32)

Les digo a ustedes, los gentiles: Mientras sea su apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos. Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida? Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Ustedes, en otro tiempo, eran rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos, han obtenido misericordia. Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida por ustedes, alcanzarán misericordia. Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos.

                                                                          Palabra de Dios
Lectura del santo evangelio según san Mateo (15,21-28)

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. 
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada. 
Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.» 
Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.» 
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.» 
Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.» 
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.» 
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» 
En aquel momento quedó curada su hija.

                                                                    Palabra del Señor
Una mesa redonda como el mundo
      La llegada a un país extranjero supone siempre grandes dificultades. Los que han tenido que emigrar, lo saben bien. El que llega desconoce generalmente la lengua, los usos y costumbres de la nueva nación. La comunicación se hace muy difícil. Además, en muchas ocasiones, los que viven en el país tienden a mirar al extranjero con desconfianza. Piensan que el recién llegado les viene a quitar lo que es suyo: puestos de trabajo, atenciones sociales, etc. Ven al extranjero, al inmigrante como una amenaza. Por ello, algunos piensan que se les deben negar hasta los más mínimos derechos. Incluso hay quien llega a decir que habría que cerrar las fronteras para que nadie pueda entrar.
      Jesús era judío. Vivió toda su vida en Judea y entre judíos. Pero el evangelio de hoy nos relata su encuentro con una extranjera. Los cananeos no sólo eran extranjeros. Eran gente odiada y menospreciada por los judíos. Además, Jesús pensaba que su misión se dirigía fundamentalmente a los judíos. No había ninguna razón para hacer nada por una cananea. Ella insiste e insiste. Tiene a su hija muy enferma. Jesús comprende su necesidad pero responde que Él ha sido enviado a los judíos. Pero la mujer sigue insistiendo: “Hasta los perros comen las migajas de la mesa de sus amos”. Se sitúa en una posición de total humildad y confianza. Y Jesús no puede hacer otra cosa que atender la petición de la mujer. El mismo Jesús tuvo que aceptar que su misión rompía los límites de las fronteras, razas, culturas y religiones. El amor de Dios se dirige a toda la humanidad sin excepción. No hay nadie despreciable para Dios. Todos están llamados a sentarse a su mesa. Y no como perros sino como hijos.
      Abrir las fronteras, abrir los corazones, y no despreciar a nadie por ser diferente es la gran lección del evangelio de este domingo. Ante Dios no hay nadie diferente. Todos estamos necesitados de salvación, de perdón, de reconciliación. Todos somos hijos e hijas. Y Dios nos sienta a su mesa, como hijos que somos, porque en ella hay sitio para todos. Reconocer a las personas que, cerca de nosotros y de muchas maneras diferentes, gritan como la cananea: “Ten compasión de mí”, acogerlas y sentir con ellas, compartiendo lo que somos y tenemos, es nuestra misión como discípulos de Jesús. Así vamos preparando ya ahora el gran banquete del Reino al que Dios ha invitado a toda la humanidad.

Para la reflexión
¿Nos preocupan los dolores y problemas de los que viven cerca de nosotros? ¿Y los problemas de la sociedad? ¿Qué hacemos para acoger y ayudar en esas necesidades? ¿Nos sentimos hermanos de todos los hombres y mujeres?

miércoles, 9 de agosto de 2017

Santa Clara de Asís - 11 de agosto

Me casaré contigo en matrimonio perpetuo

Lectura del Profeta Oseas 2, 14b. 15b. 19-20.
Esto dice el Señor:
Yo la cortejaré, me la llevaré al desierto, le hablaré al corazón. Y me responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que la saqué de Egipto.
Me casaré contigo en matrimonio perpetuo; me casaré contigo en derecho y justicia, en misericordia y compasión; me casaré contigo en fidelidad, y te penetrarás del Señor.
                                                                     Palabra de Dios

Salmo responsorial Sal 44, 11-12. 14-15. 16.

R/. Llega el Esposo; salgan a recibir a Cristo, el Señor.

Escucha, hija, mira: inclina el oído; olvida tu pueblo y la casa paterna: prendado está el rey de tu belleza, póstrate ante él, que él es tu señor. R.
Ya entra la princesa bellísima, vestida de perlas y brocado; la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes; la siguen sus compañeras. R.
Las traen entre alegría y algazara, van entrando en el palacio real. R.

La vida de Jesús se transparenta en nuestro cuerpo

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 4, 6-10. 16-18.

El Dios que dijo: «Brille la luz del seno de las tinieblas», la ha encendido en nuestros corazones, haciendo resplandecer el conocimiento de la gloria de Dios, reflejada en el rostro del Mesías.
Pero este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que esa fuerza tan extraordinaria es de Dios y no viene de nosotros.
Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; paseamos continuamente en nuestro cuerpo el suplicio de Jesús, para que también la vida de Jesús se transparente en nuestro cuerpo.
Por esta razón no nos acobardamos; no, aunque nuestro exterior va decayendo, lo interior se renueva de día en día; porque nuestras penalidades momentáneas y ligeras nos producen una riqueza eterna, una gloria que las sobrepasa desmesuradamente; y nosotros no ponemos la mira en lo que se ve, sino en lo que no se ve, porque lo que se ve es transitorio y lo que no se ve es eterno.
                                                                    Palabra de Dios

Aleluya Jn. 15, 6.
Aleluya, aleluya. El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante. Aleluya.

Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor

Lectura del santo Evangelio según San Juan 15, 4-10.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí.
Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no pueden hacer nada.
Al que no permanece en mí, lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pedirán lo que desean, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que den fruto abundante; así serán discípulos míos.

Como el Padre me ha amado, así les he amado yo; permanezcan en mi amor. Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.                                                                            Palabra de Señor.

EL ÉXODO Y EL AMOR

Moisés tenía en esa profunda experiencia en el Horeb una gran intimidad con su Señor. Después, el gran amor de Dios por los suyos y por la humanidad entera tendrá su cumplimiento con la venida del Espíritu Santo.
Ese mismo Espíritu suscitaba en Clara un deseo punzante de ver a su Amado. Pero, ¡qué es todo esto en comparación con el día en que lo vea cara a cara, en una eternidad de comunión!

- Con el fin de comulgar mejor con el Amor, Clara se puso a seguir a Cristo pobre, no queriendo tener nada propio. Esta elección motivó su perseverancia, por la que obtuvo finalmente el Privilegio de la pobreza. Este favor le permitió permanecer en un amor absoluto a Dios. 

Durante su vida Clara tuvo cuidado de no apropiarse jamás de nada, sea lo que fuere, para que nada obstaculizara su unión con el Amado.


- Clara hace una regla de oro para vivir juntas, para ser una comunidad en camino que enseña la única ruta hacia el Padre. 

- Los oasis del desierto, esas zonas solitarias, guardan unos refugios insospechados de felicidad. Para Clara, corresponden a esas fuentes frescas que le procuraban la liturgia, el rumiar la Palabra escuchada, el pensamiento constante de la Pasión y de la gloriosa Resurrección de Jesús. 
- Como el maná en el Arca en tiempos de Moisés (Ex 16,33s), la Eucaristía despertaba las cualidades de escucha de Clara y guardaba su espíritu y su corazón muy cerca del Corazón de Dios. Oraba con un corazón sencillo, pues no permitía que las cosas temporales la distrajeran del Amado. Por eso, aparecía iluminada y su rostro irradiaba una claridad que le hacía ver cada cosa en su propio sitio. Por eso, no es de extrañar que fuera la lámpara que brilla y que ilumina para sus hermanas, para el mundo y para la Iglesia.

- Clara invita a una fidelidad sin fallo al servicio de la Iglesia. Ésta, en su función de nuevo Israel, conducirá la humanidad a la alegría del retorno al Padre. Por su enseñanza, la Iglesia transformará los desiertos (las rupturas) en tierras fértiles (las conversiones) que alimentan los sacramentos.

- Llegar a ser espejo del Amor era la obsesión del espíritu de Clara. Ella tendía a este ideal con todas sus fuerzas. De ahí la petición a su hermana y a ella misma de imitar a Cristo obediente para ser moldeadas por Él. 

- Alimentado por la Palabra, cada uno puede entrar en el descanso del Amor, en ese espacio interior del corazón donde se oye el silencio de Dios. Es el descanso del séptimo día, momento en el que la permanencia del amor fraternal caritativo permite a cada uno encontrar su «máximo» de ser. Es el descanso del Sábado, donde entran los que han salido del Egipto de las pasiones. Únicamente allí se encuentra la quietud del alma.

- Es sorprendente comprobar cómo Clara estaba siempre alegre y animaba a sus hermanas a vivir esa peregrinación en la alegría. 

- La contemplación favorece la peregrinación del alma con Dios. Contemplar es convertirse en otro, la más profunda personalidad se ordena según un orden nuevo. Por eso Clara no para de contemplar la infancia de Cristo, su vida oculta, su pasión y su vida entregada por todos los seres creados a imagen de Jesús. Cristo transforma a los que ponen en Él una mirada de amor.

- Esa fue toda la vida de Clara. Siguió únicamente a Dios y fue de transformación en transformación, no de manera visible, sino por un cambio profundo de sus pensamientos, de sus sentimientos, de sus deseos. Así llegó a un abandono tranquilo, a esa confianza inquebrantable, esa serenidad, esa alegría indecible, ese gran silencio de las soledades, sola con su Dios. Incluso gravemente enferma, no quería en modo alguno descuidar sus oraciones, porque ahí encontraba ese aire vivificante que rejuvenecía su ser profundo.

Echando entonces una última mirada, bañada en lágrimas, sobre sus hermanas, Clara las invita a que alaben a Dios y le den gracias por todos los beneficios con que las ha colmado; luego las bendice a todas. La bendición es un grito de gratitud al amor de Dios por todos. El ser bendecido es como una revelación de Dios y debe convertirse en fuente de irradiación. Acordaos de la admirable fórmula que el Señor le dio a Moisés y que Francisco y Clara han hecho suya: «Que el Señor os bendiga y os guarde, os muestre su rostro y tenga misericordia de vosotros, vuelva su mirada sobre vosotros y os conceda la paz» (Nm 6,24-26).
Llegada al término de su peregrinación en la tierra, Clara anima a su alma para que deje este mundo poniendo toda su confianza en Aquel que la creó, amó, guardó y santificó. Está segura de ello, es su Creador quien ha trazado para ella ese largo camino hasta Él. Por eso, bendice a su Salvador por la vida que le ha dado para poder devolvérsela, tal como lo hizo Moisés por mandato de Dios.
Moisés, el servidor de Dios, había vivido momentos de gran intimidad con su Señor. Hablaba con su Creador y el rostro de Moisés llegó a reflejar la gloria del Altísimo.
A Clara, fiel sierva del Señor, le esperaba una dicha mayor. Cuando ya entreveía el alba eterna, Clara veía venir hacia ella al Rey de la gloria, acompañado de su Madre, a la que igualmente había amado mucho. Al día siguiente recibía de mano del esposo la palma que la introducía definitivamente en la bienaventuranza eterna. Allí goza del Rostro del Amado, contemplando el Amor en su belleza.
Como una sinfonía acabó su obra. Se termina triunfalmente con un himno de alegría al Padre, al Hijo y al Espíritu.

* * *
Hacerse peregrino y extranjero en esta tierra, en una búsqueda incansable del Rostro de Dios que se ha revelado, es la obra de toda la vida.

Para los que buscan al Padre, la peregrinación termina en la adoración «en espíritu y en verdad» (Jn 4,24). Los peregrinos abandonan su ser en el Otro, contemplando en su corazón la infinita grandeza de Dios.

Extraído de: [Deslauriers, Laurence, OSC, El Éxodo de Santa Clara de Asís, en Selecciones de Franciscanismo, vol. XXV, n. 74 (1996) 297-312].

miércoles, 26 de julio de 2017

Fiesta de Nuestra Señora de los Angeles

Se gloría en medio de su pueblo

Lectura del libro del Eclesiástico 24, 1-4. 16. 22-31. 

La Sabiduría hace su propio elogio, se gloría en medio de su pueblo. Abre la boca en la asamblea del Altísimo y se gloría delante de sus Potestades. Yo salí de la boca del Altísimo y como niebla cubrí la tierra; habité en el cielo con mi trono sobre columna de nubes. Eché raíces en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad. Como el terebinto extendí mis ramas, ramas magníficas y graciosas. Como vid eché hermosos sarmientos y mis flores dieron sabrosos y ricos frutos. Yo soy la madre del amor, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza. Venid a mí los que me amáis, y saciaos de mis frutos; mi nombre es más dulce que la miel, y mi herencia mejor que los panales. El que me come tendrá más hambre, el que me bebe tendrá más sed. El que me escucha no fracasará, el que me pone en práctica no pecará. 
                                                                                Palabra de Dios.

Salmo responsorial Lc 1, 46-55. 

R. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí, su nombre es santo. 

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la humillación de su esclava. R.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo. Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. R.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos, enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. R.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. R.

Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer 

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 4, 3-7. 

Hermanos: Nosotros, cuando éramos menores de edad, vivíamos como esclavos bajo los elementos del mundo. Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá! (Padre). Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios. 
                                                                             Palabra de Dios.

Aleluya Lc. 1, 28. 42. 

Aleluya, aleluya. 
Alégrate, llena de gracia el Señor está contigo. Bendita tú entre las mujeres. Aleluya. 


Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1, 26-33. 

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando a su presencia, dijo: –Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres. Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: –No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. 

                                                                      Palabra del Señor

    Homilía

    San Francisco de Asís pidió a Cristo, mediante la intercesión de la Reina de los Ángeles, el gran perdón o «indulgencia de la Porciúncula», confirmada por el Papa Honorio III a partir del 2 de agosto de 1216. Desde entonces empezó la actividad misionera que llevó a Francisco y a sus frailes a algunos países musulmanes y a varias naciones de Europa. Allí, por último, el Santo acogió cantando a «nuestra hermana la muerte corporal» (Cántico de las criaturas). De la experiencia del Poverello de Asís, la iglesita de la Porciúncula conserva y difunde un mensaje y una gracia peculiares, que perduran todavía hoy y constituyen un fuerte llamamiento espiritual para cuantos se sienten atraídos por su ejemplo. A este propósito, es significativo el testimonio de Simone Weil, hija de Israel fascinada por Cristo: «Mientras estaba sola en la capillita románica de Santa María de los Angeles, incomparable milagro de pureza, donde san Francisco rezó tan a menudo, algo más fuerte que yo, me obligó, por primera vez en mi vida, a arrodillarme» (Autobiografía espiritual). La Porciúncula es uno de los lugares más venerados del franciscanismo, no sólo muy entrañable para la Orden de los Frailes Menores, sino también para todos los cristianos que allí, cautivados por la intensidad de las memorias históricas, reciben luz y estímulo para una renovación de vida, con vistas a una fe más enraizada y a un amor más auténtico. Por tanto, me complace subrayar el mensaje específico que proviene de la Porciúncula y de la indulgencia vinculada a ella. Con estas palabras comenzaba el mensaje de Juan Pablo II en 1999, dirigido al Ministro General de la Orden Franciscana, en la reapertura de la Basílica y de la capilla de la Porciúncula. ¿Qué ocurrió en la Porciúncula?
    Cuenta Emilia Pardo Bazán en su vida de San Francisco que una noche, en el monte cercano a la Porciúncula, ardía Francisco de Asís en ansias de la salvación de las almas. Un ángel le ordenó bajar del monte a su Santa María de los Angeles. Allí vio a Jesucristo, a su Madre y a multitud de espíritus. Oyó la voz de Jesús: - Pues tantos son tus afanes por la salvación de las almas, pide, Francisco, pide. Francisco pidió una indulgencia plenaria, que se ganase con sólo entrar confesado y contrito en aquella capilla de los Ángeles.- Mucho pides, Francisco, pero accedo contento. Acude a mi Vicario, que confirme mi gracia. Al alba, tomó el camino de Perusa, acompañado de Maseo de Marignano. Estaba en Perusa el Papa Honorio III. - Padre Santo -dijo Francisco, en honor de María he reparado una iglesia; hoy vengo a solicitar para ella indulgencia. Dime cuántos años e indulgencias pides.- Padre Santo -replicó Francisco-, lo que pido no son años, sino almas. No puede conceder esto la Iglesia -objetó el Papa.- Señor -replicó Francisco-, no soy yo, sino Jesucristo, quien os lo ruega. En esta frase hubo tal calor, que ablandó el ánimo de Honorio, moviéndole a decir: - Me place, me place, me place otorgar lo que deseas. Y llamó a Francisco: -Otorgo, pues, que cuantos entren confesados en Santa María de los Ángeles sean absueltos de culpa y pena; esto todos los años perpetuamente, mas sólo en el espacio de un día natural. Bajó Francisco la cabeza en señal de aprobación, y sin despegar los labios salió de la cámara. - ¿Adónde vas, hombre sencillo? -gritó el Papa-. Me basta -respondió Francisco- lo que oí; si la obra es divina, Dios se manifestará en ella. Sirva de escritura la Virgen, Cristo el notario y testigos los ángeles. Y se volvió de Perusa a Asís. Llegando a Collestrada, se desvió de sus compañeros para desahogar su corazón en ríos de lágrimas; al volver de aquel estado de plenitud y de gozo, llamó a Maseo a voces: ¡Maseo, hermano! De parte de Dios te digo que la indulgencia que obtuve del Pontífice está confirmada en los cielos. 

    El tiempo corría, el tiempo sin que Honorio autorizara la indulgencia; el retraso atribulaba a Francisco. En una fría noche de enero se encontraba abismado. Impensadamente pensó que obraba mal, que faltaba a su deber trasnochando y extenuándose a fuerza de vigilias, siendo un hombre cuya vida era tan esencial para el sostenimiento de su Orden. Pensó que tanta penitencia pararía en enflaquecer y perder su razón, y le entró congoja. Para desechar esta tentación, nacida del cansancio de su cuerpo, se levantó, y se arrojó sobre una zarza, revolcándose en ella. Manaba sangre de su piel, y se cubría el zarzal de rosas, como las de mayo. Francisco se encontró rodeado de ángeles que cantaban a coro:- Ven a la iglesia; te aguardan Cristo y su Madre. Francisco se levantó transportado y caminó luminoso. Sobre su cuerpo veía Francisco un vestido transparente como el cristal. Cogió de la zarza florida doce rosas blancas y doce rojas, y entró en la capilla. Allí estaban Cristo y su Madre, con innumerables ángeles. Francisco cayó de rodillas. María se inclinó hacia su hijo, y éste habló así: - Por mi madre te otorgo lo que solicitas; y sea el día aquel en que mi apóstol Pedro, encarcelado por Herodes, vio milagrosamente caer sus cadenas (1 de agosto). Ve a Roma; notifica mi mandamiento a mi Vicario; llévale rosas de las que han brotado en la zarza; yo moveré su corazón. Francisco se levantó, fue a Roma con Bernardo de Quintaval, Ángel de Rieti, Pedro Catáneo y fray León, la ovejuela de Dios

    Se presentó al Papa llevando en sus manos tres rosas encarnadas y tres blancas de las del prodigio. Intimó a Honorio de parte de Cristo que la indulgencia había de ser en la fiesta de San Pedro ad Víncula. Le ofreció las rosas, frescas y fragantes. Se reunió el Consistorio, y ante las flores que representaban en enero la primavera, fue confirmada la indulgencia.
    Escribió el Papa a los obispos circunvecinos de la Porciúncula, citándoles para que se reunieran en Asís el primer día de Agosto, a fin de promulgar la indulgencia solemnemente. «En el día convenido apareció Francisco en un palco con los siete obispos a su lado, y pronunció una plática ferviente sobre la indulgencia. Los obispos se indignaron, y cuando el obispo de Asís se levantó resuelto a proclamar la indulgencia por diez años solos, en vez de esto repitió las palabras de Francisco; unos después de otros, reprodujeron los obispos el primer anuncio.
    Durante muchos años, fue sólo conocida oralmente la indulgencia de la Porciúncula. Medio siglo después del tránsito de Francisco hallamos el primer documento de Benito de Arezzo, que dice así: «En el nombre de Dios, Amén. Yo fray Benito de Arezzo, que estuve con el beato Francisco mientras aún vivía, y que por auxilio de la gracia fui recibido en su Orden por el mismo Padre Santísimo; yo que fui compañero de sus compañeros, y con ellos estuve frecuentemente, ya mientras vivía el santo Padre nuestro, ya después que se partió de este mundo, y con los mismos conferencié frecuentemente de los secretos de la Orden, declaro haber oído repetidas veces a uno de los compañeros del beato Francisco, llamado fray Maseo de Marignano, que estuvo con el hermano Francisco en Perusa, en presencia del papa Honorio, cuando el santo pidió la indulgencia de todos los pecados para los que, contritos y confesados, viniesen al lugar de Santa María de los Angeles (que por otro nombre se llama Porciúncula) el primer día de agosto, desde las vísperas de dicho día hasta las vísperas del día siguiente. La cual indulgencia, habiendo sido pedida por el beato Francisco, fue otorgada por el Sumo Pontífice, aunque él mismo dijo no ser costumbre en la Sede Apostólica conceder tales indulgencias». Del entusiasmo que en el pueblo despertaban las indulgencias podemos juzgar por las crónicas que refieren el acontecimiento que, estremeciendo hasta las últimas fibras de la conciencia de Dante, dio por resultado la Divina Comedia. La multitud que acudía a Asís a lucrar la indulgencia era enorme. El jubileo determinaba una suspensión de discordias y luchas: la tregua de Dios
    Sitiado Asís por las tropas de Perusa, el día 2 de Agosto se interrumpió el ataque, para que los peregrinos pudieran entrar en la villa para obtener la indulgencia. Gregorio XV, hizo extensivo el jubileo de la Porciúncula a todas las iglesias franciscanas del mundo. Según fray Pánfilo de Magliano, la indulgencia fue concedida el año 1216, y en 1217 la proclamación solemne de la Porciúncula por siete obispos. 
    La víspera del solemne día llamaba a los fieles la Campana de la Predicación; se cubría el campo de toldos y enramadas y acampaban al raso los peregrinos. Al lucir el nuevo sol se verificaba la ceremonia de la absolución, descrita por el Dante, en el canto IX del Purgatorio.

lunes, 17 de julio de 2017

San Buenaventura - Obispo y Doctor Seráfico


La última cena

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios  3, 14-19

Hermanos:
    Doblo mis rodillas delante del Padre, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra. Que él se digne fortificarlos por medio de su Espíritu, conforme a la riqueza de su gloria, para que crezca en ustedes el hombre interior. Que Cristo habite en sus corazones por la fe, y sean arraigados y edificados en el amor. Así podrán comprender, con todos los santos, cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, en una palabra, ustedes podrán conocer el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para ser colmados por la plenitud de Dios.                      Palabra de Dios.


SALMO
     Sal 118, 9. 10. 11. 12. 13. 14 (R.: 12b)

R.
 Enséñame, Señor, tus preceptos.

¿Cómo un joven llevará una vida honesta?
Cumpliendo tus palabras. R.

Yo te busco de todo corazón:
no permitas que me aparte de tus mandamientos. R.

Conservo tu palabra en mi corazón,
para no pecar contra ti. R.

Tú eres bendito, Señor:
enséñame tus preceptos. R.

Yo proclamo con mis labios
todos los juicios de tu boca. R.

Me alegro de cumplir tus prescripciones,
más que de todas las riquezas. R.


ALELUYA     Mt 23, 9b. 10b

No tienen sino un padre, el Padre celestial,
sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.


EVANGELIO
Que el más grande de entre vosotros
se haga servidor de los otros

+ Lectura del santo Evangelio según san Mateo     23, 8-12

Jesús dijo a sus discípulos:
    «Ustedes, no se hagan llamar "maestro", porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen "padre", porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco "doctores", porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.
    Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.»                                                        Palabra del Señor.

San Buenaventura
Religioso. Cardenal. Escritor. 
Año 1274

San Buenaventura: 
pide a Nuestro Señor que nosotros 
lo amemos como lo amaste tú.


Nació en Bañoreal, cerca de Vitervo (Italia) en 1221.
Un nombre profético

Se llamaba Juan, pero dicen que cuando era muy pequeño enfermó gravemente y su madre lo presentó a San Francisco, el cual acercó al niñito de cuatro meses a su corazón y le dijo:
"¡BUENA VENTURA!"que significa: "¡BUENA SUERTE. BUEN EXITO!". Y el niño quedó curado. Y por eso cambio su nombre de Juan por el de Buenaventura. Y en verdad que tuvo buena suerte y buen éxito en toda su vida.

Un doctor muy especial

En agradecimiento a San Francisco su benefactor, se hizo religioso franciscano. Estudióo en la universidad de París, bajo la dirección de famoso maestro Alejandro de Ales, y llegó a ser uno de los más grandes sabios de su tiempo. Se le llama "Doctor seráfico", porque "Serafín" significa "el que arde en amor por Dios" y este santo en sus sermones, escritos y actitudes demostró vivir lleno de un amor inmenso hacia Nuestro Señor. Los que lo conocieron y trataron dicen que todos sus estudios y trabajos los ofrecía para gloria de Dios y salvación de las almas. A sus clases concurrían en grandes cantidades gente de todas las clases sociales y sus oyentes afirmaban que mientras hablaba parecía estar viendo al invisible.
Su inocencia y santidad de vida eran tales que su maestro, Alejandro de Alex, exclamaba "Buenaventura parece que hubiera nacido sin pecado original".
Escrúpulos peligrosos. Él no veía en si mismo sino faltas y miserias y por eso empezó a padecer la enfermedad de los escrúpulos, que consiste en considerar pecado lo que no es pecado. Y creyéndose totalmente indigno empezó a dejar de comulgar. Afortunadamente la bondad de Dios le concedió un valor especial, y observó en visión que Jesucristo en la Santa Hostia se venía desde el copón en el cual el sacerdote estaba repartiendo la Sagrada Comunión, y llegaba hasta sus labios. Con esto reconoció que el dejar de comulgar por escrúpulos era una equivocación.
Escritor famoso. Buenaventura, además de dedicarse muchos años a dar clases en la Universidad de París donde se formaban estudiantes de filosofía y teología de muchos países, escribió numerosos sermones y varias obras de piedad que por siglos han hecho inmenso bien a infinidad de lectores. Una de ellas se llama "Itinerario del alma hacia Dios". Allí enseña que la perfección cristiana consiste en hacer bien las acciones ordinarias y todo por amor de Dios. El Papa Sixto IV decía que al leer las obras de San Buenaventura se siente uno invadido de un fervor especial, porque fueron escritas por alguien que rezaba mucho y amaba intensamente a Dios.
Una noticia muy alagadora. San Buenaventura fue nombrado Superior General de los Padres Franciscanos, y el Papa le concedió el título de Cardenal. Y aunque era famoso mundialmente por su sabiduría, sin embargo seguía siendo muy humilde y se iba a la cocina a lavar platos con los hermanos legos (dicen que la noticia de su nombramiento como Cardenal le llegó mientras estaba un día lavando platos en la cocina) y Fray Gil, uno de los hermanos legos más humildes, le preguntó un día: "Padre Buenaventura, ¿un pobre ignorante como yo, podrá algún día estar tan cerca de Dios, como su Reverencia que es tan inmensamente sabio?"
El gran sabio le respondió: "Oh mi querido Fray Gil: si una pobre viejecita ignorante tiene más amor de Dios que Fray Buenaventura, estará más cerca de Dios en la eternidad que Fray Buenaventura". Al oír semejante noticia, el humilde frailecito empezó a aplaudir y a gritar: "Ay Fray Gil borriquillo de Dios, aunque seas más ignorante que la más pobre viejecita, si amas a Dios más que Fray Buenaventura, estarás en el cielo más cerca de Dios que el gran Fray Buenaventura". Y de pura emoción se fue elevando por los aires, y quedó allí suspendido entre cielo y tierra en éxtasis. Es que había escuchado la más halagadora de las noticias: que el puesto en el cielo dependerá del grado de amor que hayamos tenido hacia el buen Dios.

La simpatía de San Buenaventura

Este gran doctor, que por 17 años fue Superior General de los Padres Franciscanos y recorrió el mundo visitando las casas de su comunidad y animando a todos a dedicarse a la santidad, y que fue el hombre de confianza del Sumo Pontífice para resolver muchos casos difíciles, y que dirigió en nombre del Papa el Concilio de Lyon y tuvo el honor de que la oración fúnebre el día de su entierro la hiciera el mismo Sumo Pontífice, tenía una cualidad especialísima: una exquisita bondad en su trato, una amabilidad que le ganaba los corazones, un modo conciliador que lo alejaba de los extremos, de la extrema rigidez que amarga la vida de los otros y de la relajación que deja a todos seguir por el camino del mal sin corregirlos. Sus virtudes preferidas eran la humildad y la paciencia, y la meditación frecuente en la pasión y muerte de Cristo lo llevaba a esforzarse por cumplir aquel consejo de Jesús: "Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón". Su crucifijo lo tenía totalmente desgastado de tanto besarle las manos, los pies, la cabeza y la herida del costado. Su amor a la Virgen María era intenso y por todas partes recomendaba el rezo del Angelus (o de las tres Aves Marías).
Un santo elogia a otro santo. A San Buenaventura le recomendaron que escribiera la biografía de su gran protector San Francisco de Asís (la cual resulto muy hermosa) y dicen que cuando estaba redactándola, llegó a visitarlo el sabio más famoso de su tiempo, Santo Tomás de Aquino, el cual al asomarse a su celda y verlo sumido en la contemplación y como en éxtasis, exclamó: "dejemos que un santo escriba la vida de otro santo", y se fue. Así que estos dos sabios tan famosos no se trataron en vida pero se admiraron mutuamente.
Muerte solemne. En el año 1274 se celebro el concilio de Lyon (o reunión de todos los obispos católicos del mundo). Terminando el Concilio con gran éxito, todo dirigido por San Buenaventura, por orden del Sumo Pontífice, el santo sintió que le faltaban las fuerzas, y el 15 de julio de 1274 murió santamente asistido por el Papa en persona. Todos los obispos del Concilio asistieron a sus funerales y caso único en la historia, el Santo Padre ordenó que todos los sacerdotes del mundo celebran una misa por el alma del difunto.
Un elogio muy especial. El Papa Inocencio V predicó la homilía en el entierro de San Buenaventura y dijo de él: "Su amabilidad era tan grande que empezar a tratarlo era quedar ya amigos de él para siempre. Y su unción al predicar y escribir era tan admirable, que escucharlo o leer sus escritos, era ya empezar a sentir deseos de amar a Dios y conseguir la santidad". Bello elogio en verdad.

miércoles, 28 de junio de 2017

Domingo XIII del Tiempo Ordinario - A

Es un hombre santo de Dios; se retirará aquí.

LECTURA DEL SEGUNDO LIBRO DE LOS REYES 4, 8-11. 14-16a

Pasó Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y, desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba.
Ella dijo a su marido:
«Estoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos. Construyamos en la terraza una pequeña habitación y pongámosle arriba una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que cuando venga pueda retirarse».
Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí, y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó.
Entonces se preguntó Eliseo:
«¿Qué podemos hacer por ella?».
Respondió Guejazi, su criado:
«Por desgracia no tiene hijos, y su marido es ya anciano».
Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada.
Eliseo le dijo:
«El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo».
                                                                                                                                   Palabra de Dios.
Salmo 88, 2-3. 16-17. 18-19

R. CANTARÉ ETERNAMENTE LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR.

Cantaré eternamente las  misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por  todas las edades.
Porque dije: "Tu  misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has  afianzado tu fidelidad." R.

Dichoso el pueblo que sabe  aclamarte:
camina, oh Señor, a la luz  de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R.

Porque tú eres su honor y su  fuerza,
y con tu favor realzas  nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro  escudo,
y el Santo de Israel nuestro  rey. R.

Sepultados con él por el bautismo, andemos en una vida nueva

LECTURA DE LA CARTA A LOS ROMANOS 6,3-4.8-11

Hermanos:
Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios.
Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
ALELUYA 1 P 2, 9

Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada; proclamad las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.

EVANGELIO

El que no carga con la cruz no es digno de mí; el que les recibe a ustedes me recibe a mí.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 10,37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue no es digno de mí.
El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que les recibe a ustedes me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad les digo que no perderá su recompensa».

                                                                                                                                   Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio.


Personajes:

Mateo habla aquí de cuatro grupos de personas: ustedes (= apóstoles), los profetas, los justos y los pequeños que componen su comunidad.

Jesús es señal de contradicción, una causa de discordia y de división.

Para ello hace referencia a las relaciones familiares.  En la cultura en la que vivieron Jesús y los primeros cristianos la obediencia del hijo al padre, de la hija a la madre y de la nuera a la suegra eran la base de la organización familiar, esta era poco menos que sagrada. Jesús afirma que por encima de la familia hay otros valores.

La suerte de perder la propia identidad

Aquí se plantea la alternativa de tener que elegir entre Jesús y la propia familia, entre Jesús y la propia seguridad, entre conservar la vida o perderla por él. Por tres veces se repite el estribillo "no es digno de mí". De hecho es una alternativa dolorosa y arriesgada romper con las propias seguridades. Esta exigencia  viene simbolizada en la actitud de tomar la cruz y seguir a Jesús. Finalmente, propone un cambio en la escala de valores de los discípulos: conservar la vida o perderla y perderla por él es conservarla. Jesús nos invita a seguir su ejemplo, a entregarnos cómo él y alcanzar así una vida en plenitud.

El mensaje de Jesús es claro: salir de sobre el cual estaban apoyados nuestros pies para apoyarnos en su seguimiento teniendo como señal el conflicto y la cruz. ..."El nos dio el ejemplo para que sigamos sus huellas. El quiere asociar a su sacrificio redentor a aquellos mismos que son sus primeros beneficiarios. Eso lo realiza en forma excelsa en su Madre, asociada más íntimamente que nadie al misterio de su sufrimiento redentor." Santa Rosa de Lima dirá: "fuera de la cruz no hay otra escala por donde subir al cielo" (CEC 618). San Francisco de Asís: "Tomad vuestros cuerpos y cargad con su santa cruz / y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos (OfP 7,8; 15,13)

"El que conserve su vida la perderá, y el que la pierda por mí, la conservará". Conservar la vida es llevarla según nuestros intereses personales, es desinteresarse de los demás. Perder la vida por él, en cambio, es jugárselo sin demasiados cálculos oportunistas, arriesgar todo; gastar sin reservas; darse apasionadamente; estar dispuesto a perder todo por una causa digna.

La familia no es intocable

Hay muchos cristianos - sobre todo sacerdotes y obispos - que defienden la familia en abstracto, sin detenerse a reflexionar sobre el contenido de un proyecto familiar entendido y vivido desde el Evangelio. La familia se entiende de maneras muy diversas en la realidad. Hay familias abiertas al servicio de la sociedad, que enseñan solidaridad, son liberadoras. Otras son replegadas, egoístas, opresoras. Lo decisivo no es la familia de carne sino la gran familia del Reinado de Dios Padre.

El signo de la hospitalidad

El discurso misionero, que en su comienzo nos presenta la misión como un ir entre lobos, se cierra con un benéfico vaso de agua, que no quedará sin recompensa.
En un mundo lleno de grupos enfrentados, tanto políticos, sociales y religiosos..., es importante la llamada evangélica a la acogida. Acoger es abrir las puertas de nuestro hogar, dar algo de nuestro tiempo, de nuestros bienes y de nuestra amistad.
Se trata de ser un ejército pacífico de voluntarios que trabajan de manera gratuita y callada en los mil rincones de este mundo, sólo porque les nace del corazón estar junto a los que sufren, a los caídos, a los abandonados. Según san Francisco de Asís se trata de "amar a los que Cristo ama" 2C.
"El voluntario no ha pintado un cuadro, no ha hecho una escultura, no ha inventado una música, no ha escrito un poema, pero ha hecho una obra de arte con sus horas libres". Gloria Fuertes. 



martes, 13 de junio de 2017

San Antonio de Padua

PRIMERA LECTURA 
En nada tuve la riqueza en comparación de la Sabiduría 

Lectura del libro de la Sabiduría 7, 7-14. 
Pedí y se me concedió la prudencia; supliqué y me vino el espíritu de Sabiduría. Y la preferí a los cetros y tronos, y en nada tuve la riqueza en comparación de ella. Ni a la piedra más preciosa la equiparé, porque todo el oro a su lado es un puñado de arena y barro parece la plata en su presencia. La amé más que la salud y la hermosura, y quise que fuera, más que otra, la luz que me alumbrara, porque la claridad que de ella nace no conoce noche. Con ella me vinieron a la vez todos los bienes, me trajo en sus manos riquezas incalculables. Y yo me regocijé con todos estos bienes porque la Sabiduría me los traía, aunque ignoraba que ella fuese su madre. Con sencillez la aprendí y sin envidia la comunico; no me guardo ocultas sus riquezas porque es para los hombres un tesoro inagotable y los que la adquieren se granjean la amistad de Dios recomendados a él por los dones que les trae la instrucción.

                                                                                 Palabra de Dios

Salmo responsorial Sal 39, 3-4. 10-11. 17. 

V/. He proclamado tu lealtad, Señor. 

Asentó mis pies sobre la roca, consolidó mis pasos. Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad, ante la gran asamblea. Alégrense y gocen conmigo, todos los que te buscan; digan siempre: «Grande es el Señor», los que desean tu salvación. 

SEGUNDA LECTURA 

Realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia Cristo 

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 4, 7-15. 

Hermanos: A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Por eso dice la Escritura: «Subió a lo alto llevando cautivos y dio dones a los hombres». El «subió» supone que había bajado a lo profundo de la tierra; y el que bajó es el mismo que subió por encima de los cielos para llenar el universo. Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados al retortero por todo viento de doctrina, en la trampa de los hombres, que con astucia conduce al error; sino que realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo. 

Aleluya 
Aleluya, aleluya. 
La lengua del justo es plata selecta y los labios del justo alimentan a muchos. Aleluya. 

EVANGELIO 
Proclamad el Evangelio a toda la creación 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 16, 15-20. 

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once, y les dijo: –Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos. El Señor Jesús, después de hablarles, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que los acompañaban.                           Palabra del Señor

De los sermones de san Antonio de Padua (I, 16) 

La palabra tiene fuerza cuando va acompañada de las obras 

El que está lleno del Espíritu Santo habla diversas lenguas. Estas diversas lenguas son los diversos testimonios que da de Cristo, como por ejemplo la humildad, la pobreza, la paciencia y la obediencia, que son las palabras con que hablamos cuando los demás pueden verlas reflejadas en nuestra conducta. La palabra tiene fuerza cuando va acompañada de las obras. Cesen, por favor, las palabras y sean las obras quienes hablen. Estamos repletos de palabras, pero vacíos de obras, y, por esto, el Señor nos maldice como maldijo aquella higuera en la que no halló fruto, sino hojas tan sólo. «La norma del predicador –dice san Gregorio– es poner por obra lo que predica». En vano se esfuerza en propagar la doctrina cristiana el que la contradice con sus obras. Pero los apóstoles hablaban según el Espíritu les sugería. ¡Dichoso el que habla según le sugiere el Espíritu Santo y no según su propio sentir! Porque hay algunos que hablan movidos por su propio espíritu, roban las palabras de los demás y las proponen como suyas, atribuyéndoselas a sí mismos. De estos tales y de otros semejantes dice el Señor por boca de Jeremías: Aquí estoy yo contra los profetas que se roban mis palabras uno a otro. Aquí estoy yo contra los profetas –oráculo del Señor– que manejan la lengua para echar oráculos. Aquí estoy yo contra los profetas de sueños falsos –oráculo del Señor–, que los cuentan para extraviar a mi pueblo, con sus embustes y jactancias. Yo no los mandé ni los envié, por eso, son inútiles a mi pueblo –oráculo del Señor–. Hablemos, pues, según nos sugiera el Espíritu Santo, pidiéndole con humildad y devoción que infunda en nosotros su gracia, para que completemos el significado quincuagenario del día de Pentecostés, mediante el perfeccionamiento de nuestros cinco sentidos y la observancia de los diez mandamientos, y para que nos llenemos de la ráfaga de viento de la contrición, de manera que, encendidos e iluminados por los sagrados esplendores, podamos llegar a la contemplación del Dios uno y trino. 

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO - A

Lectura del libro de Isaías (56,1.6-7) Así dice el Señor: «Guarden el derecho, practiquen la justicia, que mi salvación está para lle...