sábado, 23 de septiembre de 2023

Domingo 25 del Tiempo Ordinario - Ciclo A

Lecturas del Domingo 25º del Tiempo Ordinario - Ciclo A 
Primera Lectura 
Lectura del libro de Isaías (55, 6-9): 
Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos –oráculo del Señor–. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes que vuestros planes. Palabra de Dios 

Salmo Responsorial. Sal 144 
R/. Cerca está el Señor de los que lo invocan 
Día tras día, te bendeciré, Dios mío y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor y merece toda alabanza, es incalculable su grandeza. R/. 
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R/. 
 El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. R/. 

Segunda Lectura 
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (1,20c-24.27a): 

Cristo será glorificado en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en ese dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo. Palabra de Dios 

+ Lectura del Santo Evangelio Según San Mateo (20,1-16): 
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña." Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno." Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?" Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.» Palabra del Señor 

REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE DIOS 

NO DESVIRTUAR LA BONDAD DE DIOS 

A lo largo de su trayectoria profética, Jesús insistió una y otra vez en comunicar su experiencia de Dios como “un misterio de bondad insondable” que rompe todos nuestros cálculos. Su mensaje es tan revolucionario que, después de veinte siglos, hay todavía cristianos que no se atreven a tomarlo en serio. Para contagiar a todos su experiencia de ese Dios Bueno, Jesús compara su actuación a la conducta sorprendente del señor de una viña. Hasta cinco veces sale él mismo en persona a contratar jornaleros para su viña. No parece preocuparle mucho su rendimiento en el trabajo. Lo que quiere es que ningún jornalero se quede un día más sin trabajo. Por eso mismo, al final de la jornada, no les paga ajustándose al trabajo realizado por cada grupo. Aunque su trabajo ha sido muy desigual, a todos les da “un denario”: sencillamente, lo que necesitaba cada día una familia campesina de Galilea para poder vivir. Cuando el portavoz del primer grupo protesta porque ha tratado a los últimos igual que a ellos, que han trabajado más que nadie, el señor de la viña le responde con estas palabras admirables: “¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?”. ¿Me vas a impedir con tus cálculos mezquinos ser bueno con quienes necesitan su pan para cenar? ¿Qué está sugiriendo Jesús? ¿Es que Dios no actúa con los criterios de justicia e igualdad que nosotros manejamos? ¿Será verdad que Dios, más que estar midiendo los méritos de las personas como lo haríamos nosotros, busca siempre responder desde su Bondad insondable a nuestra necesidad radical de salvación? Confieso que siento una pena inmensa cuando me encuentro con personas buenas que se imaginan a Dios dedicado a anotar cuidadosamente los pecados y los méritos de los humanos, para retribuir un día exactamente a cada uno según su merecido. ¿Es posible imaginar un ser más inhumano que alguien entregado a esto desde toda la eternidad? Creer en un Dios, Amigo incondicional, puede ser la experiencia más liberadora que se pueda imaginar, la fuerza más vigorosa para vivir y para morir. Por el contrario, vivir ante un Dios justiciero y amenazador puede convertirse en la neurosis más peligrosa y destructora de la persona. Hemos de aprender a no confundir a Dios con nuestros esquemas estrechos y mezquinos. No hemos de desvirtuar su Bondad insondable mezclando los rasgos auténticos que provienen de Jesús con trazos de un Dios justiciero tomados del Antiguo Testamento. Ante el Dios Bueno revelado en Jesús, lo único que cabe es la confianza.
 
BONDAD ESCANDALOSA DE DIOS 

Probablemente era otoño y en los pueblos de Galilea se vivía intensamente la vendimia. Jesús veía en las plazas a quienes no tenían tierras propias, esperando a ser contratados para ganarse el sustento del día. ¿Cómo ayudar a esta pobre gente a intuir la bondad misteriosa de Dios hacia todos? Jesús les contó una parábola sorprendente. Les habló de un señor que contrató a todos los jornaleros que pudo. Él mismo fue a la plaza del pueblo una y otra vez, a horas diferentes. Al final de la jornada, aunque el trabajo había sido absolutamente desigual, a todos les dio un denario: lo que su familia necesitaba para vivir. El primer grupo protesta. No se quejan de recibir más o menos dinero. Lo que les ofende es que el señor «ha tratado a los últimos igual que a nosotros». La respuesta del señor al que hace de portavoz es admirable: «¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?». La parábola es tan revolucionaria que seguramente después de veinte siglos no nos atrevemos todavía a tomarla en serio. ¿Será verdad que Dios es bueno incluso con aquellos que apenas pueden presentarse ante él con méritos y obras? ¿Será verdad que en su corazón de Padre no hay privilegios basados en el trabajo más o menos meritorio de quienes han trabajado en su viña? Todos nuestros esquemas se tambalean cuando hace su aparición el amor libre e insondable de Dios. Por eso nos resulta escandaloso que Jesús parezca olvidarse de los «piadosos», cargados de méritos, y se acerque precisamente a los que no tienen derecho a recompensa alguna por parte de Dios: pecadores que no observan la Alianza o prostitutas que no tienen acceso al templo. Nosotros nos encerramos a veces en nuestros cálculos, sin dejarle a Dios ser bueno con todos. No toleramos su bondad infinita hacia todos: hay personas que no se lo merecen. Nos parece que Dios tendría que dar a cada uno su merecido, y solo su merecido. Menos mal que Dios no es como nosotros. Desde su corazón de Padre, él sabe regalar también su amor salvador a esas personas a las que nosotros no sabemos amar.

domingo, 17 de septiembre de 2023

La Virgen de los Dolores

Santoral del 15 de septiembre: día de Nuestra Señora de los Dolores, advocación de María y los sufrimientos de su vida. de septiembre: día de Nuestra Señora: ACI Prensa, Iglesia Esta celebración invita, al igual que la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre), a meditar sobre el misterio del dolor que une las vidas de María y de Jesucristo. La devoción a la Virgen de los Dolores (también conocida como La Dolorosa) habría comenzado con la propia Iglesia Católica cuando Pedro comenzó a edificarla “desde la primera piedra”. Sin embargo, recién cobró forma en 1239, en Florencia, gracias a los frailes de la Orden Siervos de María, quienes propusieron celebrarla el 15 de septiembre. Durante los siglos siguientes, a pesar de esta petición, era común que la fiesta fuera los Viernes de Dolores (el viernes anterior al Domingo de Ramos), tal como lo confirmó el papa Benedicto XIII en 1472. Recién en 1814 el papa Pío VII aceptó la fecha sugerida por los frailes, y el día de Nuestra Señora de los Dolores comenzó a celebrarse los 15 de septiembre. Es probable que haya sido la propia Virgen María quien haya solicitado la celebración. Ante Santa Brígida de Suecia le habría dicho: “Miro a todos los que viven en el mundo para ver si hay quien se compadezca de Mí y medite mi dolor, pero hallo poquísimos que piensen en mi tribulación y padecimientos... Por eso tú, hija mía, no te olvides de Mí que soy olvidada y menospreciada por muchos. Mira mi dolor e imítame en lo que pudieres. Considera mis angustias y mis lágrimas y duélete de que sean tan pocos los amigos de Dios”. A través de Santa Brígida, prometió conceder siete gracias a las almas que la honren y la acompañen todos los días mediante el rezo de siete Avemarías. Los siete dolores de María Cómo es sabido, la madre de Jesús, elegida por Dios para concebir a su hijo, es una de las vidas más celebradas y veneradas en el cristianismo desde sus orígenes. Estos son los 7 grandes dolores de María que se señalan en toda la escritura cristiana. 1. La profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús. Luego de bendecir a la Sagrada Familia, el profeta dijo: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción y a ti misma una espada te atravesará el corazón” (Lc. 2.34-35). 2. La huida a Egipto con Jesús y José. Recuerda el gran dolor que sintió María cuando tuvo que huir de Egipto junto a su pequeño hijo y a su esposo. 3. La pérdida de Jesús. Representa el momento cuando María buscó a su hijo durante tres días, angustiada por lo que le podría haber ocurrido. 4. El encuentro de Jesús con la cruz a cuestas camino del Calvario. En la Vía Dolorosa María ve cómo su hijo es castigado a latigazos mientras arrastra la Cruz. 5. La crucifixión y agonía de Jesús. Es el momento cuando colocan a su hijo en la Cruz poniéndole clavos en los pies y las manos. “Junto a la Cruz de Jesús estaba su Madre” (Jn. 19.25). 6. Recibir en brazos a Jesús, ya muerto. María recibe al cuerpo de su hijo, cubierto de sangre lastimado por heridas profundas. 7. El entierro de Jesús y la soledad de María. Jesucristo llevó su humillación hasta el final. Y aunque al tercer día, María supo que iba a resucitar, el trance de la muerte fue real.

La impresión de las llagas de San Francisco de Asís

 CONSIDERACIÓN III

Aparición del serafín
e impresión de las llagas a San Francisco

En cuanto a la tercera consideración, que es la de la aparición del serafín y de la impresión de las llagas, se ha de considerar que, estando próxima la fiesta de la cruz de septiembre (1), fue una noche el hermano León, a la hora acostumbrada, para rezar los maitines con San Francisco. Lo mismo que otras veces, dijo desde el extremo de la pasarela: Domine, labia mea aperies, y San Francisco no respondió. El hermano León no se volvió atrás, como San Francisco se lo tenía ordenado, sino que, con buena y santa intención, pasó y entró suavemente en su celda; no encontrándolo, pensó que estaría en oración en algún lugar del bosque. Salió fuera, y fue buscando sigilosamente por el bosque a la luz de la luna. Por fin oyó la voz de San Francisco, y, acercándose, lo halló arrodillado, con el rostro y las manos levantadas hacia el cielo, mientras decía lleno de fervor de espíritu:

-- ¿Quién eres tú, dulcísimo Dios mío? Y ¿quién soy yo, gusano vilísimo e inútil siervo tuyo?

Y repetía siempre las mismas palabras, sin decir otra cosa. El hermano León, fuertemente sorprendido de lo que veía, levantó los ojos y miró hacia el cielo; y, mientras estaba mirando, vio bajar del cielo un haz de luz bellísima y deslumbrante, que vino a posarse sobre la cabeza de San Francisco; y oyó que de la llama luminosa salía una voz que hablaba con San Francisco; pero el hermano León no entendía lo que hablaba. Al ver esto, y reputándose indigno de estar tan cerca de aquel santo sitio donde tenía lugar la aparición y temiendo, por otra parte, ofender a San Francisco o estorbarle en su consolación si se daba cuenta, se fue retirando poco a poco sin hacer ruido, y desde lejos esperó hasta ver el final. Y, mirando con atención, vio cómo San Francisco extendía por tres veces las manos hacia la llama; finalmente, al cabo de un buen rato, vio cómo la llama volvía al cielo.

Marchóse entonces, seguro y alegre por lo que había visto, y se encaminó a su celda. Como iba descuidado, San Francisco oyó el ruido que producían sus pies en las hojas del suelo, y le mandó que le esperase y no se moviese. El hermano León obedeció y se estuvo quieto esperándole; tan sobrecogido de miedo, que, como él lo refirió después a los compañeros, en aquel momento hubiera preferido que lo tragara la tierra antes que esperar a San Francisco, por pensar que estaría incomodado contra él; porque ponía sumo cuidado en no ofender a tan buen padre, no fuera que, por su culpa, San Francisco le privase de su compañía. Cuando estuvo cerca San Francisco, le preguntó:

-- ¿Quién eres tú?

-- Yo soy el hermano León, Padre mío -respondió temblando de pies a cabeza.

-- Y ¿por qué has venido aquí, hermano ovejuela? -prosiguió San Francisco-. ¿No te tengo dicho que no andes observándome? Te mando, por santa obediencia, que me digas si has visto u oído algo.

El hermano León respondió:

-- Padre, yo te he oído hablar y decir varias veces: «¿Quién eres tú, dulcísimo Dios mío?» y «¿Quién soy yo, gusano vilísimo e inútil siervo tuyo?»

Cayendo entonces de rodillas el hermano León a los pies de San Francisco, se reconoció culpable de desobediencia contra la orden recibida y le pidió perdón con muchas lágrimas. Y en seguida le rogó devotamente que le explicara aquellas palabras que él había oído y le dijera las otras que no había entendido.

Entonces, San Francisco, en vista de que Dios había revelado o concedido al humilde hermano León, por su sencillez y candor, ver algunas cosas, condescendió en manifestarle y explicarle lo que pedía, y le habló así:

-- Has de saber, hermano ovejuela de Jesucristo, que, cuando yo decía las palabras que tú escuchaste, mi alma era iluminada con dos luces: una me daba la noticia y el conocimiento del Creador, la otra me daba el conocimiento de mí mismo. Cuando yo decía: «¿Quién eres tú, dulcísimo Dios mío?», me hallaba invadido por una luz de contemplación, en la cual yo veía el abismo de la infinita bondad, sabiduría y omnipotencia de Dios. Y cuando yo decía: «¿Quién soy yo», etc.?, la otra luz de contemplación me hacía ver el fondo deplorable de mi vileza y miseria. Por eso decía: «¿Quién eres tú, Señor de infinita bondad, sabiduría y omnipotencia, que te dignas visitarme a mí, que soy un gusano vil y abominable?» En aquella llama que viste estaba Dios, que me hablaba bajo aquella forma, como había hablado antiguamente a Moisés. Y, entre otras cosas que me dijo, me pidió que le ofreciese tres dones; yo le respondí: «Señor mío, yo soy todo tuyo. Tú sabes bien que no tengo otra cosa que el hábito, la cuerda y los calzones, y aun estas tres cosas son tuyas; ¿qué es lo que puedo, pues, ofrecer o dar a tu majestad?» Entonces Dios me dijo: «Busca en tu seno y ofréceme lo que encuentres». Busqué, y hallé una bola de oro, y se la ofrecí a Dios; hice lo mismo por tres veces, pues Dios me lo mandó tres veces; y después me arrodillé tres veces, bendiciendo y dando gracias a Dios, que me había dado alguna cosa que ofrecerle. En seguida se me dio a entender que aquellos tres dones significaban la santa obediencia, la altísima pobreza y la resplandeciente castidad, que Dios, por gracia suya, me ha concedido observar tan perfectamente, que nada me reprende la conciencia. Y así como tú me veías meter la mano en el seno y ofrecer a Dios estas tres virtudes, significadas por aquellas tres bolas de oro que me había puesto Dios en el seno, así me ha dado Dios tal virtud en el alma, que no ceso de alabarle y glorificarle con el corazón y con la boca por todos los bienes y todas las gracias que me ha concedido. Estas son las palabras que has oído y aquel elevar las manos por tres veces que has visto. Pero guárdate bien, hermano ovejuela, de seguir espiándome; vuélvete a tu celda con la bendición de Dios. Y ten buen cuidado de mí, porque, dentro de pocos días, Dios va a realizar cosas tan grandes y maravillosas sobre esta montaña, que todo el mundo se admirará; cosas nuevas que Él nunca ha hecho con creatura alguna en este mundo.

Dicho esto, se hizo traer el libro de los evangelios, pues Dios le había sugerido interiormente que, al abrir por tres veces el libro de los evangelios, le sería mostrado lo que Dios quería obrar en él. Traído el libro, San Francisco se postró en oración; cuando hubo orado, se hizo abrir tres veces el libro, por mano del hermano León, en el nombre de la Santísima Trinidad; y plugo a la divina voluntad que las tres veces se le pusiese delante la pasión de Cristo. Con ello se le dio a entender que como había seguido a Cristo en los actos de la vida, así le debía seguir y conformarse a él en las aflicciones y dolores de la pasión antes de dejar esta vida (2).

A partir de aquel momento comenzó San Francisco a gustar y sentir con mayor abundancia la dulzura de la divina contemplación y de las visitas divinas. Entre éstas tuvo una que fue como la preparación inmediata a la impresión de las llagas, y fue de este modo: El día que precede a la fiesta de la Cruz de septiembre, hallándose San Francisco en oración recogido en su celda, se le apareció el ángel de Dios y le dijo de parte de Dios:

-- Vengo a confortarte y a avisarte que te prepares y dispongas con humildad y paciencia para recibir lo que Dios quiera hacer en ti.

Respondió San Francisco:

-- Estoy preparado para soportar pacientemente todo lo que mi Señor quiera de mí.

Dicho esto, el ángel desapareció.

Llegó el día siguiente, o sea, el de la fiesta de la Cruz (3), y San Francisco muy de mañana, antes de amanecer, se postró en oración delante de la puerta de su celda, con el rostro vuelto hacia el oriente; y oraba de este modo:

-- Señor mío Jesucristo, dos gracias te pido me concedas antes de mi muerte: la primera, que yo experimente en vida, en el alma y en el cuerpo, aquel dolor que tú, dulce Jesús, soportaste en la hora de tu acerbísima pasión; la segunda, que yo experimente en mi corazón, en la medida posible, aquel amor sin medida en que tú, Hijo de Dios, ardías cuando te ofreciste a sufrir tantos padecimientos por nosotros pecadores.

Y, permaneciendo por largo tiempo en esta plegaria, entendió que Dios le escucharía y que, en cuanto es posible a una pura creatura, le sería concedido en breve experimentar dichas cosas.

Animado con esta promesa, comenzó San Francisco a contemplar con gran devoción la pasión de Cristo y su infinita caridad. Y crecía tanto en él el fervor de la devoción, que se transformaba totalmente en Jesús por el amor y por la compasión. Estando así inflamado en esta contemplación, aquella misma mañana vio bajar del cielo un serafín con seis alas de fuego resplandecientes. El serafín se acercó a San Francisco en raudo vuelo tan próximo, que él podía observarlo bien: vio claramente que presentaba la imagen de un hombre crucificado y que las alas estaban dispuestas de tal manera, que dos de ellas se extendían sobre la cabeza, dos se desplegaban para volar y las otras dos cubrían todo el cuerpo.

Ante tal visión, San Francisco quedó fuertemente turbado, al mismo tiempo que lleno de alegría, mezclada de dolor y de admiración. Sentía grandísima alegría ante el gracioso aspecto de Cristo, que se le aparecía con tanta familiaridad y que le miraba tan amorosamente; pero, por otro lado, al verlo clavado en la cruz, experimentaba desmedido dolor de compasión. Luego, no cabía de admiración ante una visión tan estupenda e insólita, pues sabía muy bien que la debilidad de la pasión no dice bien con la inmortalidad de un espíritu seráfico. Absorto en esta admiración, le reveló el que se le aparecía que, por disposición divina, le era mostrada la visión en aquella forma para que entendiese que no por martirio corporal, sino por incendio espiritual, había de quedar él totalmente transformado en expresa semejanza de Cristo crucificado (4).

Durante esta admirable aparición parecía que todo el monte Alverna estuviera ardiendo entre llamas resplandecientes, que iluminaban todos los montes y los valles del contorno como si el sol brillara sobre la tierra. Así, los pastores que velaban en aquella comarca, al ver el monte en llamas y semejante resplandor en torno, tuvieron muchísimo miedo, como ellos lo refirieron después a los hermanos, y afirmaban que aquella llama había permanecido sobre el monte Alverna una hora o más. Asimismo, al resplandor de esa luz, que penetraba por las ventanas de las casas de la comarca, algunos arrieros que iban a la Romaña se levantaron, creyendo que ya había salido el sol, ensillaron y cargaron sus bestias, y, cuando ya iban de camino, vieron que desaparecía dicha luz y nacía el sol natural.

En esa aparición seráfica, Cristo, que era quien se aparecía, habló a San Francisco de ciertas cosas secretas y sublimes, que San Francisco jamás quiso manifestar a nadie en vida, pero después de su muerte las reveló, como se verá más adelante. Y las palabras fueron éstas:

-- ¿Sabes tú -dijo Cristo- lo que yo he hecho? Te he hecho el don de las llagas, que son las señales de mi pasión, para que tú seas mi portaestandarte (5). Y así como yo el día de mi muerte bajé al limbo y saqué de él a todas las almas que encontré allí en virtud de estas mis llagas, de la misma manera te concedo que cada año, el día de tu muerte, vayas al purgatorio y saques de él, por la virtud de tus llagas, a todas las almas que encuentres allí de tus tres Ordenes, o sea, de los menores, de las monjas y de los continentes (6), y también las de otros que hayan sido muy devotos tuyos, y las lleves a la gloria del paraíso, a fin de que seas conforme a mí en la muerte como lo has sido en la vida.

Cuando desapareció esta visión admirable, después de largo espacio de tiempo y de secreto coloquio, dejó en el corazón de San Francisco un ardor desbordante y una llama de amor divino, y en su carne, la maravillosa imagen y huella de la pasión de Cristo. Porque al punto comenzaron a aparecer en las manos y en los pies de San Francisco las señales de los clavos, de la misma manera que él las había visto en el cuerpo de Jesús crucificado, que se le apareció bajo la figura de un serafín. Sus manos y sus pies aparecían, en efecto, clavados en la mitad con clavos, cuyas cabezas, sobresaliendo de la piel, se hallaban en las palmas de las manos y en los empeines de los pies, y cuyas puntas asomaban en el dorso de las manos y en las plantas de los pies, retorcidas y remachadas de tal forma, que por debajo del remache, que sobresalía todo de la carne, se hubiera podido introducir fácilmente el dedo de la mano, como en un anillo. Las cabezas de los clavos eran redondas y negras.

Asimismo, en el costado derecho aparecía una herida de lanza, sin cicatrizar, roja y ensangrentada, que más tarde echaba con frecuencia sangre del santo pecho de San Francisco, ensangrentándole la túnica y los calzones. Lo advirtieron los compañeros antes de saberlo de él mismo, observando cómo no descubría las manos ni los pies y que no podía asentar en tierra las plantas de los pies, y cuando, al lavarle la túnica y los calzones, los hallaban ensangrentados; llegaron, pues, a convencerse de que en las manos, en los pies y en el costado llevaba claramente impresa la imagen y la semejanza de Cristo crucificado.

Y por mucho que él anduviera cuidadoso de ocultar y disimular esas llagas gloriosas, tan patentemente impresas en su carne, viendo, por otra parte, que con dificultad podía encubrirlas a los compañeros sus familiares, mas temiendo publicar los secretos de Dios, estuvo muy perplejo sobre si debía manifestar o no la visión seráfica y la impresión de las llagas. Por fin, acosado por la conciencia, llamó junto a sí a algunos hermanos de más confianza, les propuso la duda en términos generales, sin mencionar el hecho, y les pidió su consejo. Entre ellos había uno de gran santidad, de nombre hermano Iluminado (7); éste, verdaderamente iluminado por Dios, sospechando que San Francisco debía de haber visto cosas maravillosas, le respondió:

-- Hermano Francisco, debes saber que, si Dios te muestra alguna vez sus sagrados secretos, no es para ti sólo, sino también para los demás; tienes, pues, motivo para temer que, si tienes oculto lo que Dios te ha manifestado para utilidad de los demás, te hagas merecedor de reprensión.

Entonces, San Francisco, movido por estas palabras, les refirió, con grandísima repugnancia, la sobredicha visión punto por punto, añadiendo que Cristo durante la aparición le había dicho ciertas cosas que él no manifestaría jamás mientras viviera (8).

Si bien aquellas llagas santísimas, por haberle sido impresas por Cristo, eran causa de grandísima alegría para su corazón, con todo le producían dolores intolerables en su carne y en los sentidos corporales. Por ello, forzado de la necesidad, escogió al hermano León, el más sencillo y el más puro de todos, para confiarle su secreto; a él le dejaba ver y tocar sus santas llagas y vendárselas con lienzos para calmar el dolor y recoger la sangre que brotaba y corría de ellas. Cuando estaba enfermo, se dejaba cambiar con frecuencia las vendas, aun cada día, excepto desde la tarde del jueves hasta la mañana del sábado, porque no quería que le fuese mitigado con ningún remedio humano ni medicina el dolor de la pasión de Cristo que llevaba en su cuerpo durante todo ese tiempo en que nuestro Señor Jesucristo había sido, por nosotros, preso, crucificado, muerto y sepultado. Sucedió alguna vez que, cuando el hermano León le cambiaba la venda de la llaga del costado, San Francisco, por la violencia del dolor al despegarse el lienzo ensangrentado, puso la mano en el pecho del hermano León; al contacto de aquellas manos sagradas, el hermano León sintió tal dulzura, que faltó poco para que cayera en tierra desvanecido.

Finalmente, por lo que hace a esta tercera consideración, cuando terminó San Francisco la cuaresma de San Miguel Arcángel, se dispuso, por divina inspiración, a regresar a Santa María de los Ángeles. Llamó, pues, a los hermanos Maseo y Ángel y, después de muchas palabras y santas enseñanzas, les recomendó aquel monte santo con todo el encarecimiento que pudo, diciéndoles que le convenía volver, juntamente con el hermano León, a Santa María de los Ángeles. Dicho esto, se despidió de ellos, los bendijo en nombre de Jesucristo crucificado y, condescendiendo con sus ruegos, les tendió sus santísimas manos, adornadas de las gloriosas llagas, para que las vieran, tocaran y besaran. Dejándolos así consolados, se despidió de ellos y emprendió el descenso de la montaña santa (9).

En alabanza de Cristo. Amén.

 

Domingo 24º del Tiempo Ordinario - Ciclo A

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico (27,33–28,9):

Furor y cólera son odiosos; el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados? Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados? Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error.

Palabra de Dios

 

Salmo. Sal 102,1-2.3-4.9-10.11-12

R/. El Señor es compasivo y misericordioso,

lento a la ira y rico en clemencia

 

Bendice, alma mía, al Señor,

y todo mi ser a su santo nombre.



Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides sus beneficios. R/.

 

Él perdona todas tus culpas

y cura todas tus enfermedades;

él rescata tu vida de la fosa

y te colma de gracia y de ternura. R/.

 

No está siempre acusando

ni guarda rencor perpetuo;

no nos trata como merecen nuestros pecados

ni nos paga según nuestras culpas. R/.

 

Como se levanta el cielo sobre la tierra,

se levanta su bondad sobre sus fieles;

como dista el oriente del ocaso,

así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.

 

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (14,7-9):

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

Palabra de Dios

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21-35)

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Palabra del Señor

 

Reflexión

"Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo."

La semana pasada hablábamos de la corrección fraterna, de cómo el Señor nos invitaba a hacerla y si nos era o no fácil. Esta semana, siguiendo con las relaciones comunitarias, reflexionamos sobre el perdón. En las relaciones es tan importante saber corregir como saber perdonar.

Este evangelio de hoy es uno de esos evangelios con los que todos podemos, en principio, estar de acuerdo, pero que nos cuesta llevar a la práctica. Porque lo que más nos sale es lo contrario, el recordar las ofensas, y no perdonar sin condiciones. ¿Es el perdón una actitud de gente débil? ¿Tengo que ser tonto para ser bueno? ¿No hay momentos en los que uno, incluso teniendo la mejor voluntad, dice esto es demasiado? Basta con recordar, por ejemplo, la fecha del 11 de septiembre de 2001...

Lo más normal, para muchos, es vengarse cuando se puede, o al menos, guardar el rencor hasta mejor momento. La venganza es el placer del ofendido, y el rencor el único recurso seguro del más débil. La ira es muy perjudicial. Nos vuelve demonios. Propio de los demonios es vivir siempre encolerizados. Por eso, la mansedumbre es la virtud que más odian los demonios. La cólera oscurece el alma; por eso hay que cortar de raíz los pensamientos de cólera y no abandonarse a ellos. Ser cada día un poco más pacíficos. Que los pacíficos heredarán la tierra.

Ya la primera lectura nos pone en suerte. Furor y cólera son odiosos. Hasta ahí, todos de acuerdo, Es verdad que, a veces, tenemos accesos de furia, o “nos llevan los demonios”. Pero lo que nos dice el Eclesiástico es muy cierto: ¿cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? Si fuésemos más coherentes, antes de pedir nada al Señor, dejaríamos la ofrenda ante el altar e iríamos a reconciliarnos con nuestros hermanos. Es verdad que no siempre se produce la reconciliación – dos no pelean si uno no quiere, y lo mismo pasa con el perdón – pero, por lo menos, lo habremos intentado. Por nuestra parte, todo estará bien. De lo que hacemos – o no hacemos – es de lo que debemos responder.

Nos dice también la lectura recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo. Es muy práctico recordar los mandamientos. Los de la Ley de Dios, y también los de la Iglesia. Si nos miramos a nosotros primero, quizá seamos más tolerantes con los demás. Porque nosotros tampoco somos perfectos, y el contraste de nuestra vida con los mandamientos nos lo recuerda. Con otras palabras, el que está libre de pecado, que tire la primera piedra (Jn 8, 7).

La parábola del Evangelio no nos deja indiferente. A cualquier persona con algo de sentido común le suena mal la actitud del siervo desagradecido. Le perdonan una cantidad inimaginable, porque sí, porque le dio lástima al señor, y a él le cuesta perdonar una pequeña cantidad. Es verdad que no hay razones para perdonar, como no hay razones para creer. Es un don, un regalo. Se puede pedir, pero no tenemos derecho a recibirlo. Es como la fe.

La reacción de los compañeros es normal. Ante la actuación desproporcionada – estrangular a su deudor – van a contárselo al señor. Y éste actúa en consecuencia. Siervo malvado. Ese desagradecido pierde todo lo que había recibido, por no saber apreciarlo. Nosotros habríamos hecho lo mismo.

Pero si lo pensamos bien, quizá más de una vez nos hemos portado como el estrangulador. Recordemos cuántas veces hemos recibido el perdón por nuestros (muchos) pecados, de la mano del sacerdote, y, sin tardar demasiado, hemos cometido alguna injusticia contra nuestros hermanos. Nos parece que es normal que nos perdonen, porque somos nosotros. Pero cuando hablamos de las ofensas recibidas, es otro cantar. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Esas palabras deberían resonar con fuerza en nuestro corazón. ¿Somos compasivos o no?

Cada día rezamos la oración del Padre Nuestro, puede que varias veces. Y pedimos que se nos perdonen las ofensas, como también nosotros perdonamos a lo que nos ofenden.  Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano. Nos lo recuerda Jesús en el Evangelio. De cómo perdono yo, depende el cómo me perdonen a mí.

Es muy útil corregir y dejarse corregir. Pero, quizá, no hay mayor alegría que saber perdonar y sentirse perdonado. Tenemos un Padre bueno, siempre dispuesto a darnos otra oportunidad. Pero nosotros debemos ser consecuentes. Perdonar como Dios nos perdona. Setenta veces siete, y las que haga falta. Siempre. Para ser, un poquito, como Dios.

viernes, 25 de agosto de 2023

Bodas de oro matrimoniales


CELEBRACIÓN DE LAS BODAS DE ORO MATRIMONIALES

Monición de entrada:

Hermanos y hermanas, sean todos bienvenidos a esta celebración. Llenos de alegría hemos venido todos para darle gracias a Dios por los 50 años de feliz unión matrimonial de nuestros hermanos: N y N, junto con ellos escucharemos la Palabra de Dios y el mensaje que él tiene para nosotros hoy.

Monición de las lecturas

1.- La indisolubilidad del matrimonio no surge de una ley exterior al mismo, sino de su misma naturaleza. Hombre y mujer están hechos el uno para el otro en absoluta igualdad, y al unirse en matrimonio constituyen “una sola carne” por disposición divina. Porque Víctor Ávalos Alcántara y Raquel Armas de Ávalos han vivido como una sola carne, están aquí celebrando sus bodas de oro. Presten mucha atención a este texto.

2.- En la segunda lectura encontramos un mensaje importantísimo. Se trata del célebre himno de San Pablo a la caridad. Un himno al amor, tal vez el más célebre y sublime que jamás se haya escrito.

Evangelio.- Para ilustrarnos de la necesidad de una fe práctica se vale Jesús de la imagen de dos casas: una construida sobre roca y la otra sobre arena. El hombre sabio que cumple la Palabra de Dios es el primer caso del ejemplo que vamos a escuchar. Es el verdadero discípulo que cimienta su casa sobre fundamentos sólidos. Vida y bendición es el resultado del que cumple la voluntad de Dios. De pie, por favor, para entonar jubilosos el Aleluya.


Lectura del libro del Génesis 2:18-24

Dijo Dios: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.»
Y el Señor Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera.
El hombre puso nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo, mas para el hombre no encontró una ayuda adecuada.
Entonces el Señor Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió. Y le quitó una de las costillas, rellenando el vacío con carne.
De la costilla que Yahveh Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre.
Entonces éste exclamó: «Esta es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada.»

Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne. Palabra de Dios

Salmo Responsorial: Sal 127 (128)

Esta es la bendición del hombre que teme al Señor Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de su trabajo, serás dichoso, te irá bien. R.
R. Esta es la bendición del hombre que teme al Señor
Tu mujer como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevo de olivo, alrededor de tu mesa. R.
Esta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, todos los días de tu vida; que veas los hijos de tus hijos. R.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios. 13, 4-13:
El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Disculpa sin limites, cree sin limites, espera sin limites, aguanta sin limites.
El amor no pasa nunca.
¿El don de profecía?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará.
Porque limitado es nuestro saber y limitada es nuestra profecía; pero, cuando venga lo perfecto, lo limitado se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño.
Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora limitado; entonces podré conocer como Dios me conoce.
En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.
Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

Lectura del Santo Evangelio según san Mateo. 1,21-28

«No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial.
Muchos me dirán aquel Día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?"
Y entonces les declararé: "¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!"
«Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca.
Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.»
Y sucedió que cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina.
Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Homilía

PETICIONES
Oremos, hermanos, por las necesidades de la santa Iglesia y de todo el mundo, y encomendemos especialmente a nuestros hermanos N.N., que acaban de celebrar con gozo su renovación matrimonial.
- Por la santa Iglesia: para que Dios le conceda ser siempre la esposa fiel de Jesucristo. Roguemos al Señor.
- Por la paz de todo el mundo: para que cesen las ambiciones, desaparezcan las injusticias y enemistades, y broten por todas partes el amor y la paz. Roguemos al Señor.
- Por los esposos N.N.: para que el Espíritu Santo los llene con su gracia y haga de su unión un signo vivo del amor de Jesucristo a su Iglesia. Roguemos al Señor.
- Por nuestro hermano N: para que sea siempre fiel al Señor como Abrahan y admirable por su piedad y honradez como Tobías. Roguemos al Señor.
- Por nuestra hermana N: para que sea siempre irreprensible en su conducta, brille por su dulzura y pureza, humildad y prudencia. Roguemos al Señor.
- Por todos los Matrimonios: para que, en el amor mutuo y en la fidelidad constante, sean en nuestra sociedad fermento de paz y unidad. Roguemos al Señor.
- Por los miembros de nuestras familias que han muerto en la esperanza de la resurrección: para que Cristo los acoja en su reino y los revista de gloria y de inmortalidad. Roguemos al Señor.

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Renovación del compromiso matrimonial y bendición de los esposos

Esposo: Bendito seas, Señor,
porque ha sido un regalo tuyo
recibir a N. por mujer.

Esposa: Bendito seas, Señor,
porque ha sido un regalo tuyo
recibir a N. por marido.

Ambos. Bendito seas, Señor,
porque nos has asistido amorosamente
en las alegrías y en las penas de nuestra vida.
Te pedimos que nos ayudes
a guardar fielmente nuestro amor mutuo
para que seamos fieles testigos
de la alianza que has establecido con los hombres.

Sacerdote: (los esposos se dan la mano):

El Señor los guarde todos los días de su vida.
Que él sea para ustedes consuelo en la adversidad,
compañero en la prosperidad,
y derrame copiosamente sus bendiciones sobre ustedes.
Por Jesucristo nuestro Señor. R/. Amén.

Entrega de los anillos

(A continuación, si los esposos presentan los anillos del día de su boda, el celebrante dice esta oración:

Acrecienta y santifica, Señor,
el amor de tus servidores
y, pues se entregaron mutuamente estos anillos en señal de fidelidad,
haz que progresen en la gracia del sacramento. Por Jesucristo nuestro Señor. R/ Amén.

Si se bendicen anillos nuevos, el celebrante dice:

Bendice y santifica, Señor,
el amor de tus servidores
y, ya que estos anillos
representan para ellos un signo de su fidelidad, haz que también les recuerden su amor recíproco y la gracia del sacramento.
Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.

Esposo: N. recibe esta alianza,
en señal de mi amor y fidelidad a ti.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Esposa: N. recibe esta alianza,
en señal de mi amor y fidelidad a ti.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

3. Oración sobre los esposos

Después del Padrenuestro, el sacerdote dice esta oración con las manos extendidas sobre los esposos:

Te alabamos y te bendecimos, oh Dios, creador de todas las cosas, que al principio creaste al hombre y a la mujer
para que formaran una unidad de vida y de amor.
También te damos gracias
porque te dignaste bendecir la unión familiar de tus servidores: Víctor Ávalos Alcántara y Raquel Armas de Ávalos, para que fueran imagen de la unión de Cristo con su Iglesia. Tú que los has mantenido unidos por el amor
en sus penas y alegrías,
míralos hoy con benevolencia.
Renueva constantemente su alianza nupcial.
Acrecienta su amor, fortalece su vínculo de paz,
para que rodeados por todos los que les quieren
gocen siempre de tu bendición.
Por Jesucristo Nuestro Señor. R / Amén.

4. Bendición final

El celebrante, con las manos extendidas sobre los esposos, dice:

Dios, Padre todopoderoso,
les conceda su gozo y su felicidad.
R/ Amén.
El Hijo Unigénito de Dios, Cristo Jesús,
les asista en las alegrías y en las tristezas.
R/ Amén.

El Espíritu Santo
Alimente sus vidas con su amor.
R/Amén.

Y bendice a todos los presentes añadiendo:

Y a todos ustedes, aquí presentes,
les bendiga Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo.
R/ Amén.

Profesión Religiosa TOR

PROFESIÓN RELIGIOSA DE LOS FRANCISCANOS DE LA TERCERA ORDEN REGULAR DE SAN FRANCISCO DE ASÍS (TOR)

I. RITO DE ENTRADA

1. MONICIÓN.

Hermanos: PAZ Y BIEN
Hoy nuestra comunidad cristiana y de manera especial los Religiosos de la Tercera Orden Regular ,de san Francisco se alegran porque nuestros hermanos:(N)
emitirán sus votos Temporales, su entrega al Señor , a la Iglesia y a nuestra Orden. Dispongámonos a participar en esta Eucaristía con alegría recibiendo a los celebrantes cantando.

LIBRES COMO FRANCISCO

Libres como Francisco
ir por el mundo cantando amor,
pobres como Francisco,
ser los humildes de corazón.

El sol que todo sabe alumbrar,
es nuestro guía al marchar,
luz y amistad por el mundo dar,
Siempre a todos por igual.

Ser una flor que sabe adornar
ser un adorno de Dios,
ver a las aves que saben volar,
ser instrumento de paz.

Canto la gloria del creador,
canto mi alegre ilusión,
canto al hermano, canto al amor,
canto a la gloria de Dios.

Somos el resto del gran Israel,
somos porción del Señor.
Somos los pobres del Dios de Jacob,
somos amigos de Dios.

2. ACTO PENITENCIAL CELEBRANTE:

Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos al Señor que nos conceda la conversión de nuestros corazones y que se acreciente nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.

HOY PERDÓNAME

Hoy perdóname, hoy por siempre,
sin mirar la mentira,
lo vacío de nuestras vidas,
nuestra falta de amor
y caridad.

Hoy perdóname, hoy por siempre,
aún sabiendo que he caído,
que de Ti siempre había huido,
hoy regreso arrepentido,
Vuelvo a Ti(bis)


GLORIA GIOMBINI

Gloria, Gloria
a Dios en lo alto del cielo. Gloria.
Y en la tierra, paz a los hombres
y en la tierra, paz a los hombres
paz a los hombres que aman al Señor.

Te alabamos, te alabamos
te bendecimos, te bendecimos
te adoramos, te adoramos
te glorificamos, te glorificamos.

Te damos gracias, por tu inmensa Gloria.
Señor hijo único Jesucristo Señor Dios,
Cordero de Dios, Hijo del Padre.

Tú que quitas el pecado,
el pecado del mundo.
Ten piedad de nosotros
Ten piedad de nosotros

Tú que quitas el pecado,
el pecado del mundo.
Atiende, atiende
a nuestra súplicas.

Tú que estás a la derecha,
a la derecha de Dios Padre.
Ten piedad de nosotros
Ten piedad de nosotros.

Porque sólo tú eres Santo, (bis)
sólo tú Señor, sólo tú Señor
sólo tú altísimo, sólo tú altísimo
Jesucristo, Jesucristo.

Con el Espíritu Santo,
en la Gloria de Dios Padre. Amén.


4. ORACIÓN COLECTA

CELEBRANTE:

Oh Dios, que has querido que la gracia del bautismo floreciese en estos hijos tuyos con tanta fuerza que desean seguir más de cerca las huellas de tu Hijo en la Orden Franciscana, te pedimos que, aspirando sin cesar a la perfección evangélica, que ardientemente amó San Francisco, aumenten la santidad de la Iglesia y fortalezcan su poder apostólico. Por nuestro Señor Jesucristo…

II. LITURGIA DE LA PALABRA

III. RITO DE LA PROFESIÓN
9. LLAMADA

Monición. La profesión religiosa es una respuesta a la Palabra del Señor. Es una opción voluntaria, no improvisada, sino seriamente reflexionada.
En estos momentos, el celebrante invitará a nuestros hermanos a que en voz alta, ante todos nosotros como testigos expresen su deseo .de consagrarse a Dios.

VOTOS TEMPORALES

Maestro: Acérquense los que van a profesar los votos temporales:
Fr. Percy Jhony Rojas Quispe
Fr. Alfonso Renato Vásquez Fontela
Fr. Elmer Crisólogo Mendoza

Novicios: Presente

Celebrante: Queridos hermanos, ¿qué piden a Dios y a su santa Iglesia?

Novicios: La misericordia del Señor y la gracia de servirle con mayor perfección en la fraternidad de la Tercera Orden Regular de Penitencia de San Francisco de Asís.

Celebrante: Bendigamos al Señor que les ha escogido para que junto con nosotros emprendan una vida nueva.

Todos: Te damos gracias Señor

10. HOMILÍA...

ll. INTERROGATORIO

VOTOS RELIGIOSOS


Monición: La consagración es un acto libre y voluntario de cada uno. Por eso, ahora el celebrante, pedirá a los novicios que hagan pública esa decisión de seguir a Cristo pobre, obediente y casto.

Celebrante: Queridos hermanos, consagrados ya a Dios, por el agua y el Esp1riru Santo, ¿quieren unirse más estrechamente a Él por la profesión religiosa?

Novicios: S1, quiero

Celebrante: ¿Quieren guardar la castidad por el Reino de los Cielos, aceptar voluntariamente la pobreza y prometer obediencia, para seguir as1 a Cristo con mayor perfección?

Novicios:

Sí, quiero.

Celebrante: Que Dios omnipotente se lo conceda por su gracia.

Todos:

Amén.

PROFESIÓN RELIGIOSA

Monición: Los novicios se acercan al Altar para pronunciar sus votos.(Fórmula de la profesión religiosa)

Petición de la ayuda de Dios
Celebrante: Oremos.
Mira, Señor, con bondad a estos hijos tuyos que en presencia de la Iglesia quieren consagrarte hoy su vida prometiendo guardar los consejos evangélicos; y desean imitar a jesucristo, tu Hijo, pobre y crucificado, siguiendo el ejemplo de San Francisco. Infunde en sus corazones el Espíritu de tu amor, para que sean generosos en tu servicio y sinceros en el amarre.
Haz que puedan vivir con finneza y guardar con fidelidad su profesión religiosa y así puedan progresar en la alegría espiritual de su vida de caridad. Por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

Monición. Los novicios de rodillas pronunciarán la fórmula de consagración en manos del Ministro Provincial de la Orden.

Celebrante: (sentado)

ay yo, en nombre de la Iglesia y de nuestra fraternidad, recibo los votos que has emitido y, de parte de Dios todopoderoso, si los cumples te prometo la vida eterna.'

Novicio: Amén

Entrega del hábito y de la Regla.

Monición. Como signo de pertenencia a nuestra Fraternidad el Celebrante entrega a los neoprofesos el hábito religioso, y la Regla y Constituciones, que son nuestra Forma de vida franciscana.
Celebrante:
Queridos hermanos: Conviene que con su conversión reaviven la nueva vida iniciada en el Bautismo. Reciban, pues, el hábito de San Francisco hecho en forma de Cruz, en señal de conversión; y reciban el cordón del mismo Seráfico Padre, para que sea su vínculo de amor a la pobreza.

Monitor: Los neoprofesos se ponen el hábito. Después el celebrante les entregará el libro de la Regla y Constituciones de la Orden.

Celebrante:
"Reciban la Regla de nuestra Orden, libro de vida, médula del Evangelio, camino de perfección, para que, observándola fielmente, vivan en caridad."

Abrazo de paz de los religiosos.

Monición. Todos los religiosos les dan el abrazo de paz y de bienvenida a nuestra Fraternidad.

Firma del acta.

Monición: Ante todos nosotros, como Iglesia reunida en nombre de Cristo, firman sobre el altar el Acta de la Profesión Religiosa con los testigos y el Celebrante, como Documento público de su compromiso.

Canto: LIBRES COMO FRANCISCO 

Libres como Francisco
ir por el mundo cantando amor, pobres como Francisco,
ser los humildes de corazón.
*El sol que todo sabe alumbrar,
es nuestro gula al marchar,
luz y amistad por el mundo dar, siempre a todos por igual.
*Ser una flor que sabe adornar
ser un adorno de Días,
ver a las aves que saben volar,
ser instrumentos de paz.
*Canto la gloria del creador,
canto mi alegre ilusión,
canto al hermano, canto al amor, canto a la gloria de Dios.
*Somos el resto del gran Israel, somos porción del Señor.

Somos los pobres del Dios de j acob, somos amigos de Dios.

IV. LITURGIA EUCARÍSTICA

Monición: Mientras algunos de sus familiares presentan las ofrendas en el
Altar, entonamos el canto del ofertorio.

OFERTORIO
Hoy queremos ofrecerte, Señor,
nuestras manos y nuestra juventud.
Nuestra esperanza, nuestros anhelos nuestra vida para ti. Acéptalos oh Padre celestial.
Son para ti, solo para ti
te lo ofrecemos con el vino y el pan,
y queremos que bendigas con tu amor
lo del altar y lo del corazón (bis)
Hoy queremos ofrecerte también
el cansancio de nuestro caminar,
nuestros tropiezos por que nos cuesta
seguirte de verdad.
Acéptalos oh padre celestial.

Oración sobre las ofrendas
Celebrante: Acepta en tu bondad, Señor, los dones y deseos de tus siervos y, al profesar los consejos evangélicos, confírmales en tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio

V. El Señor esté con ustedes.

R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V. Demos gracias al Señor nuestro Dios. R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios Todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. .

Porque Él, retoño inmaculado de la raíz de una Virgen, proclamó dichosos a los limpios de corazón y con el ejemplo de su vida reveló la grandeza de la castidad.

Él quiso hacer de la obediencia sacrificio perfecto, siguiendo en todo tu voluntad, hasta morir por nosotros.

Él prometió las riquezas del cielo a los que, dejándolo todo en la tierra, viven solamente para tu servicio.

Élsusciró a su siervo Francisco como testimonio evangélico de perfección y por medio del que era imagen viva del Crucificado, dio a su Iglesia innumerables hijos.

Por eso, unidos a la asamblea de los ángeles y los santos te cantamos un himno de alabanza, diciendo sin cesar:

SANTO: GIOMBINI
Santo (3) es el señor Dios del universo (bis) El cielo y la tierra están llenos de su gloria (bis)

hosanna (3)
hosanna en lo alto del cielo (4)
bendito es el que viene en nombre del señor (bis). hosanna (3)
hosanna en lo alto del cielo (4)

V. RITO DE LA COMUNIÓN
HERMANO SOL. HERMANA LUNA
*Dulce es sentir que en mi corazón humildemente nace un nuevo amor. Dulce es saber que yo no estoy solo,
que formo parte de una inmensa vida. IOh que gran don nos ha dado el creador! I Oh que gran don nos ha dado el Señor! *Nos da su cielo, las claras estrellas, hermano sol y hermana luna.
La madre tierra, sus frutos y flores,
el fuego, el viento, aire yagua pura, fuentes de vida para sus criaturas.
IOh que gran don nos ha dado el creador! I Oh que gran don nos ha dado el Señor! "

TE ALABO. SEÑOR
*Te alabo, Señor, por tantas maravillas que me hablan de ti.
Te alabo, Señor, por tantas alegrías que me has hecho sentir.
Te alabo, Señor, por este amanecer que me ha llenado de paz
Te alabo, Señor, en ti descubro mi libertad.
*Me has dado, Señor, el don de tu llamada que me invita a seguir.

Me has dado, Sefior, tu gracia que me inunda y que me empuja a vivir.
Me has dado, Señor, hennanos'que trabajan y abren su corazón.
Me has dado, Señor, un ser irrepetible, mi «yo».
*Me pides, Sefior, que forje con mis manos un presente feliz.
Me pides, Sefior, que viva mi respuesta pronunciando un sí.
Me pides, Señor, mirar hacia delante confiando en tu amor.
Aquí estoy, Señor, dispón y haz lo que quieras de mí.
*Te ofrezco, Sefior, las fuerzas que me has dado y la ilusión por vivir. Te ofrezco, Sefior, los triunfos y fracasos, el gozar y el sufrir.
Te ofrezco, Señor, el tiempo de esperanza, fruto de tu bondad.
Aquí estoy, Señor, dispón y haz lo que quieras de mí.

ALTÍSIMO SEÑOR

* Altísimo glorioso Sefior, ilumina las tinieblas de mi corazón. y dame fe recta, esperanza cierta, caridad perfecta, caridad, sentido y conocimento
para que cumpla(3) ,
tu santo y veraz mandamiento (bis)

Oración despues de la comunión:

Celebrante: Oremos:
Después de recibir con veneración los divinos misterios, te pedimos, Sefior, <{ue llenes del fuego del Espíritu Santo a estos hijos tuyos unidos a ti"en oblación santa, y les concedas participar eternamente del gozo de tu Hijo. Que vive y Reina por los siglos de los siglos.

BENDICIÓN FINAL
Canto final:

PLEGARIA A NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES

jueves, 18 de agosto de 2022

RITUAL DEL MATRIMONIO CATÓLICO

 

RITUAL PARA LA CELEBRACIÓN DEL


MATRIMONIO

RITOS INICIALES

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Tobías 8, 4b-8

En la noche de bodas, Tobías dijo a Sara: Levántate, mujer. Vamos a orar, pidiendo a nuestro Señor que se apiade de nosotros y nos proteja.

Ella se levantó, y comenzaron a suplicar la protección del Señor. Tobías oró así: Bendito seas, Dios de nuestros padres, y bendito tu nombre por siempre. Que por siempre te alaben los cielos y todas tus criaturas. Tú creaste a Adán y le diste a Eva, su mujer, como ayuda y apoyo.

De ellos nació la estirpe humana. Tú dijiste: "No es bueno que el hombre esté solo; hagámosle una ayuda semejante a él". Al casarme ahora con esta mujer, no lo hago por impuro deseo, sino con la mejor intención. Ten misericordia de nosotros y haz que lleguemos juntos a la vejez.

Los dos dijeron: Amén, amén.

Palabra de Dios.

 

Salmo 111

Lector: Dichoso quien ama de corazón los mandatos del Señor.

Todos: Dichoso quien ama de corazón los mandatos del Señor.

Lector: Dichosos quien teme al Señor y ama de corazón sus mandatos.

 Su linaje será poderoso en la tierra,

la descendencia del justo será bendita.

Todos: Dichoso quien ama de corazón los mandatos del Señor.

Lector: En su casa habrá riquezas y abundancia,

su caridad dura por siempre.

En las tinieblas brilla como una luz

el que es justo, clemente y compasivo.

Todos: Dichoso quien ama de corazón los mandatos del Señor.

Lector: Dichoso el que se apiada y presta,

y administra rectamente sus asuntos,

porque jamás vacilará.

El recuerdo del justo será perpetuo.

Todos: Dichoso quien ama de corazón los mandatos del Señor.

Lector: No temerá las malas noticias,

su corazón está firme en el Señor.

Su corazón está seguro, sin temor,

hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Todos: Dichoso quien ama de corazón los mandatos del Señor.

Lector: Reparte limosna a los pobres,

su caridad es dura por siempre

y alzará la frente con dignidad.

Todos: Dichoso quien ama de corazón los mandatos del Señor.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 13, 4-13

Hermanos:

El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El amor no pasa nunca. Las profecías, por el contrario, se acabarán; las lenguas cesarán; el conocimiento se acabará. Porque conocemos imperfectamente e imperfectamente profetizamos; mas, cuando venga lo perfecto, lo imperfecto se acabará. Cuando yo era

niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño.

Ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es ahora limitado; entonces conoceré como he sido conocido por Dios.

En una palabra, quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor.

Palabra de Dios.

 

ALELUYA

Dios es amor; amémonos unos a otros como Dios nos amó.

Aleluya


EVANGELIOS PARA SELECCIONAR

1) Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba

diciendo: 

Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. 

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. 

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. 

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. 

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. 

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 

Bienaventurados ustedes cuando les insulten y les persigan y les calumnien de cualquier modo por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en el cielo.

Palabra del Señor.

 

2) Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. 

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para  que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.

Palabra del Señor.

 

3) Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 21. 24-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No todo el que me dice „Señor, Señor‟ entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa; y se derrumbó. Y su ruina fue grande.

Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como sus escribas.

Palabra del Señor.


4) Lectura del santo evangelio según san Mateo 19, 3-6

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo? Él les respondió: ¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne"? De modo que ya no son dos, sino una sola carne.

Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.

Palabra del Señor.

 

5) Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 35-40

En aquel tiempo, un fariseo, doctor de la ley, preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley? Él le dijo: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente‟. Este mandamiento es el principal y primero.

El segundo es semejante a él: „Amarás a tu prójimo como a ti mismo.‟ Estos mandamientos sostienen toda la Ley y los Profetas.

Palabra del Señor.


6) Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 6-9

En aquel tiempo dijo Jesús: Al principio de la creación, Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

Palabra del Señor.


7) Lectura del santo evangelio según san Juan 2, 1-11

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: No tiene vino. Jesús le dice: Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora. Su madre dice a los sirvientes: Haced lo que él diga. 

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dice: Llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dice: Sacad ahora y llevádselo al mayordomo. Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí

lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al esposo y le dice: Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.

Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

Palabra del Señor.


8) Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.

Palabra del Señor.


9) Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 12-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Éste es mi mandamiento: Que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé.

Palabra del Señor.

10) Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 20-26

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, Jesús dijo: No sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, éste es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos.

Palabra del Señor.

Homilía

Rito propio del matrimonio

Queridos hermanos:

Estamos aquí, junto al altar, para que Dios garantice con su gracia su voluntad de contraer Matrimonio ante el ministro de la Iglesia y la comunidad cristiana ahora reunida. Cristo bendice copiosamente su amor conyugal, y él, que os consagró un día

con el santo Bautismo, os enriquece hoy y os da fuerza con un Sacramento peculiar para que os guardéis mutua y perpetua fidelidad y podáis cumplir las demás obligaciones del Matrimonio. Por tanto, ante esta asamblea, os pregunto sobre vuestra intención.

ESCRUTINIO

Sacerdote: N. y N., ¿venís a contraer Matrimonio sin ser coaccionados, libre y voluntariamente?

Contrayentes: Sí, venimos libremente.

Sacerdote: ¿Estáis decididos a amaros y respetaros mutuamente, siguiendo el modo de vida propio del Matrimonio, durante toda la vida?

Contrayentes: Sí, estamos decididos.

La siguiente pregunta puede omitirse si las circunstancias lo aconsejan,

por ejemplo, si los novios son de edad avanzada:

Sacerdote: ¿Estáis dispuestos a recibir de Dios responsable y

amorosamente los hijos, y a educarlos según la ley

de Cristo y de su Iglesia?

Contrayentes: Sí, estamos dispuestos.


CONSENTIMIENTO

El sacerdote los invita a expresar su consentimiento:

Así, pues, ya que queréis contraer santo Matrimonio, unan

Sus manos, y manifestad su consentimiento ante Dios y su Iglesia.

Fórmula 1ª)

El esposo: Yo, N., te recibo a ti, N., como esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.

La esposa: Yo, N., te recibo a ti, N., como esposo y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.

CONFIRMACIÓN DEL CONSENTIMIENTO

Luego el sacerdote que recibe el consentimiento dice a los esposos:

El Señor confirme con su bondad este consentimiento vuestro

que habéis manifestado ante la Iglesia

y os otorgue su copiosa bendición.

Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

Bendigamos al Señor.

Todos: Demos gracias a Dios.

BENDICIÓN Y ENTREGA DE LOS ANILLOS

El sacerdote dice:

El Señor bendiga estos anillos que vais a entregaros uno al otro

en señal de amor y de fidelidad.

El sacerdote puede asperjar los anillos y los entrega a los esposos.

El esposo introduce en el dedo anular de la esposa el anillo, diciendo:

N., recibe esta alianza, en señal de mi amor y fidelidad a ti.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

La esposa introduce en el dedo anular del esposo el anillo, diciendo:

N., recibe esta alianza, en señal de mi amor y fidelidad a ti.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.


BENDICIÓN Y ENTREGA DE LAS ARRAS

El sacerdote dice:

Bendice Señor, estas arras,

que N. y N. se entregan,

Y derrama sobre ellos la abundancia de tus bienes.

Todos: Amén.

El esposo toma las arras y las entrega a la esposa diciendo:

N., recibe estas arras como prenda de la bendición de Dios

y signo de los bienes que vamos a compartir.

La esposa igualmente las entrega al esposo diciendo:

N., recibe estas arras como prenda de la bendición de Dios

y signo de los bienes que vamos a compartir.

 

A continuación, el sacerdote, extendiendo sus manos sobre los esposos,

los bendice diciendo:

El Señor os llene de la dulzura de su temor

y os fecunde con el germen de la santidad.

Todos: Amén.

Vuestra vida exhale la fragancia y la pureza de las buenas obras

para que vuestro corazón se eleve siempre al cielo.

Todos: Amén.

Conservad con el favor divino

las arras que uno a otro os vais a ofrecer

para que, más estrechamente unidos de corazón por esta prenda,

tengáis una descendencia siempre virtuosa.

Todos: Amén.

ORACIÓN POR LOS DIFUNTOS

  ORACIÓN EN EL VELORIO En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Bajen santos de Dios, salgan al paso, ángeles de Señor, ...