miércoles, 8 de noviembre de 2017

Beato Juan Duns Escoto. 8 de noviembre


Guarda este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 13-14; 2,1-13

Querido hermano:

Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas, y vive con fe y amor cristiano.
Guarda este tesoro con la ayuda del Espíritu Santo, que habita en nosotros.
Saca fuerzas de la gracia de Cristo Jesús, y lo que me oíste decir, garantizado por muchos testigos, confíalo a hombres fieles, capaces, a su vez, de enseñar a otros. Toma parte en los trabajos como buen soldado de Cristo Jesús.
Palabra de Dios.

Salmo responsorial 33 (34)

R. Bendigo al Señor en todo momento.

Bendigo al Señor en todo momento,
no cesará mi boca de alabarlo.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren . R.

Engrandezcan conmigo al Señor
y ensalcemos a una su nombre.
Busqué al Señor y me dio una respuesta
y me libró de todos mis temores. R.

Mírenlo a él y serán iluminados
y no tendrán más cara de frustrados.
Este pobre gritó y el Señor lo escuchó,
y lo salvó de todas sus angustias. R.

El ángel del Señor hace sus rondas
junto a los que le temen y los guarda.
Gusten y vean cuán bueno es el Señor
¡dichoso aquel que busca en él asilo! R.

Teme al Señor, pueblo de los santos,
pues nada les falta a los que le temen.
Los ricos se han quedado pobres y con hambre,
pero a los que buscan al Señor nada les falta. R.

Aleluya

Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra.
Porque has revelado los secretos del Reino a la gente sencilla.

Ustedes son la luz del mundo

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así su luz a los hombres, para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre que está en el cielo.
Palabra del Señor.

Extracto del artículo de Alfonso Pompei, OfmConv.
Giovanni Duns Scoto e l'Immacolata Concepzione
Revista: Commentarium OFMConv, Roma, 102 (2005), 130-150
Traducción: Fr. Tomás Gálvez

El Beato Juan Duns Escoto, Doctor Sutil y Mariano, sigue siendo en la historia de la mariología el gran teólogo medieval que, oponiéndose a la opinión normalmente mantenida por sus contemporáneos, fue el primero en demostrar no sólo la posibilidad teológica de la "Concepción inmaculada de María, sino que, además, aportó razones válidas de conveniencia para defender en María la efectiva y total exención de pecado original querida por Dios en previsión de los méritos redentores de su hijo Jesús. Por tanto, históricamente hablando, fue decisivo el influjo de Escoto a favor de la progresiva concreción y difusión de esta doctrina en la Iglesia y para el triunfo dogmático de este privilegio mariano en 1854, por obra de Pío IX. Hoy todos admiten la actualidad de sus argumentos teológicos a favor del dogma de la Inmaculada Concepción.

Para los teólogos de la escuela franciscana, la Encarnación del Verbo es la "obra máxima, la obra maestra absoluta de la Santísima Trinidad" (summum opus Trinitatis). Dios la quiso por sí misma, por su intrínseca bondad suma; es decir, la quiso de manera absoluta, sin estar condicionada al probable pecado de Adán. En ese sentido -sostienen los seguidores de Escoto- Aunque Adán no hubiese pecado, el Verbo Divino se habría encarnado. La Santísima Trinidad, efectivamente, al decretar la difusión de su Amor fuera de sí mediante la creación, ha querido, ante todo, la Encarnación del Hijo, y todo el resto de la creación lo ha querido porque ha querido la Encarnación. Y -añaden los franciscanos- con el mismo e idéntico decreto con el que ha querido incondicionalmente la Encarnación del Hijo, ha querido también a Aquella que debía ser la Madre del Verbo Encarnado. Dicho con otras palabras: Dios ha querido a la criatura sumamente amada por él, María, antes y más que a cualquier otro ser creado; la ha querido en el instante mismo en que ha querido la Encarnación del Verbo; la ha querido porque ha querido al Verbo Encarnado y, por tanto, la ha querido también independientemente del probable pecado de Adán.
Pero ahora, después del pecado original y la consiguiente decadencia moral que arrastra como una avalancha a todo el género humano a través de los siglos, el Verbo Encarnado es también, de hecho, el Redentor de todos los hijos de Adán. Pero María -sostiene Escoto-, aún siendo hija de Adán y Eva pecadores, no obstante, habiendo sido elegida y querida por Dios como Madre del Verbo Encarnado, no fue redimida simplemente como los demás seres humanos, sino que, por voluntad divina, fue redimida perfectísimamente. De hecho, fue sumamente conveniente que, en cuanto Madre de Dios, desde el primer instante de su existencia en el seno materno fuese llenada de gracia santificante, es decir, fuese preservada totalmente del pecado original, en previsión de los méritos redentores del Hijo. Ahora bien, como veremos, para Escoto es sumamente conveniente que esta perfectísima redención de María en virtud de los méritos del Hijo redentor, consista en su Concepción Inmaculada, o sea, en su total preservación de la contradicción del pecado original desde el primer instante de existencia de su alma bendita.
Como se verá, pues, la divina maternidad de María no es sólo la clave del misterio de Cristo y su corolario, sino que es también la matriz de toda la existencia santísima de María desde su concepción hasta su gloriosa asunción al cielo. De hecho, esta maternidad divina, definida dogmáticamente por el Concilio de Nicea (en el 325 d.C.), implica todos los demás gloriosos títulos marianos que, a partir de tal maternidad divina, han sido concretados y desarrollados por la tradición post-nicena a través de los siglos. Como es sabido, de esta maternidad divina deriva también la presencia en Francisco y en sus hijos (teólogos y no teólogos) de ciertos títulos reservados a María y especialmente amados por la espiritualidad franciscana: señora y reina, abogada y madre espiritual de los creyentes, mediadora de las gracias merecidas para nosotros por Cristo y por su compañera en la redención, y, por tanto, "Virgen hecha Iglesia". Estas mismas consideraciones teológicas explican también la profunda contemplación y reflexión teológica del Doctor Seráfico san Buenaventura, a propósito de la excelsa santidad y pureza de María que, con las debidas diferencias, él pone en un cierto paralelismo con la santidad misma de Cristo. Escoto, a su vez, como ahora veremos, tomará impulso precisamente de esta consideración de la santidad y pureza de la Madre de Dios y de los hombres para formular sus argumentos teológicos a favor de su Inmaculada Concepción. A decir suyo, en efecto, este privilegio singular reservado a María se explica fundamentalmente como privilegiada y perfectísima redención de la Madre por parte del Hijo Redentor.

¿En qué sentido, pues, podemos afirmar que Escoto fue el primero en elaborar una doctrina favorable a la Inmaculada Concepción que, obviamente, no sin dificultades iniciales (de las que hablaremos en estas páginas), fue acogida cada vez más explícitamente por la Iglesia en base a sus argumentos? Tratándose de una cuestión histórico-teológica, la respuesta tendrá que tener en cuenta, en primer lugar, de las resistencias que se oponían a este privilegio mariano, en especial por parte de los teólogos de los siglos IX-XII, cuyas resistencias fueron también adoptadas, comúnmente, por los escolásticos del siglo XIII (hasta los tiempos de Escoto)...alabra del Señor.



CONFERENCIA DE LOS MINISTROS GENERALES DE LA PRIMERAORDEN FRANCISCANA Y DE LA TOR

JUAN DUNS ESCOTO: GENIALIDAD Y AUDACIA

A todos los franciscanos y a las franciscanas
en la clausura del VII Centenario
de la muerte del Beato Juan Duns Escoto

Estimados Hermanos y Hermanas, en ocasión de la conclusión de la celebración del VII Centenario de la muerte del Beato Juan Duns Escoto (1308-2008), después de tantas iniciativas culturales, científicas y celebraciones como se han desarrollado en todo el mundo, también nosotros los Ministros generales de la Primera Orden y de la TOR hemos retenido oportuno dirigiros esta carta. Con ella deseamos únicamente suscitar en todos los franciscanos y simpatizantes del franciscanismo el deseo de hacer memoria de la eminente personalidad  del Doctor  Sutil  y  Mariano y  de  profundizar  el  conocimiento  de  su  fecundo pensamiento filosófico-teológico. Franciscano santo y maestro audaz, original  y creador de cultura como  respuesta  a  los  desafíos  de  su  tiempo.  Como  fiel  hijo  de  S.  Francisco  logró  encarnar  el evangelio y estar atento a las realidades socio-culturales de su época, de la que nunca desertó y a las que trató de dar respuesta desde los presupuestos filosófico-teológicos de entonces.
Gracias a las investigaciones y a los serios estudios de los últimos tiempos, se han destruido los  prejuicios  de  oscuridad  que  se  tenían  del  lenguaje  escotista  y  la  idea  de  una  sutileza  de pensamiento  que  tendía  hacia  la  abstracción  última.  Como  ha  demostrado  el  P.  E.  Longpré1,  la sutileza  escotista es  exigencia  de  rigor  intelectual,  puesta  al  servicio  del  primado  de  la  caridad,  la sublime  virtud  en  la  praxis  cristiana  y  cotidiana.  Toda  la  fuerza  y  penetración  especulativa escotistas  están  al  servicio  de  una  intención  práctica:  Dios,  Jesucristo,  el  hombre,  la  iglesia,  la creación, orientar al ser humano y evitar que se descarríe en el amor: errare in amando.
Escoto está a favor de una praxis, pero no de un evangelismo impaciente y superficial, que tiene alergia a la especulación y al pensamiento profundo y meditativo. «En este tiempo –según P. Vignaux –en  el  que  muchos  creyentes  exigen  una  Iglesia  profética,  la subtilitas escotista  invita  a recordar una gran afirmación de Karl Barth, en el primer volumen de su Dogmática: “El miedo a la Escolástica  es  la  característica  de  los  falsos  profetas.  El  verdadero  profeta  acepta  someter  su mensaje a esta prueba como a las demás”»2.
Del  rico  y  fecundo  patrimonio  escotista  nos  limitamos  indicar  aquí  algunos  puntos  para intentar responder a los problemas más urgentes de nuestro tiempo.

El Dios según Escoto y el ateísmo actual

Escoto, en la elaboración de su teología natural, parte de dos principios bíblicos: «Yo soy el que  soy»  (Éx.  3,  14)  y  «Dios  es  amor»  (1Jn  4,  16),  para  llegar  a  aquel  que  es  «Verdad  infinita  y bondad infinita»3. La existencia y la esencia de Dios son clarificadas por la teología, pero al mismo tiempo  la  metafísica  las  considera  como  su  objeto  más  eminente.  Dos  saberes  se  corresponden:  el orden humano de lo divino (teología metafísica) y el orden divino de lo humano (teología revelada), como  se  expresa  al  inicio  del Primo  Principio:  «Tú,  que  conoces  la  capacidad  del  entendimiento humano respecto de ti, se lo diste a conocer respondiendo: yo soy el que soy»4.
Entre  todos  los nombres  divinos, el  más  propio  es  el  de El  que  es,  pues  ello  expresa  «un cierto océano de sustancia infinita»5, «el océano de toda perfección» 6 y «el amor por esencia»7. En el  ser  infinito  se  encuentran  tres  primacías:  el  primer  eficiente,  el  primer  fin  de  todo  y  el  más eminente  en  perfección,  que  Escoto  trata  de  evidenciar  con  su  profundas  e  incomparables  pruebas de la existencia de Dios.
Escoto  presenta  la  infinitud  como  la  característica  más  propia  y  configuradora  de  Dios.  La infinitud  es  un  modo  de  ser  de  Dios  que  le  diferencia  radicalmente  de  todos  los  demás  seres.  El Doctor  Sutil  acentúa  sobremanera  la  infinitud  de  Dios.  Es  el  concepto  más  simple  de  cualquier atributo  divino  y  el  más  perfecto  porque  el  ser  infinito  incluye  virtualmente  el  amor  infinito,  la verdad  infinita  y  todas  las  demás  perfecciones  que  son  compatibles  con  la  infinitud.  Aunque  toda perfección de Dios es infinita, sin embargo, «tiene su perfección formal en la infinitud de la esencia como en su raíz y en su fundamento»8.
La  exaltación  del  infinito  se conecta  necesariamente  con  la  exaltación  del  hombre  sobre todas las criaturas finitas, que constituye una de las expresiones más características del humanismo cristiano. La reflexión escotista pone de relieve la espiritualidad del infinito e implica la crítica del panteísmo y del materialismo, en cualquiera de sus expresiones manifiestas o confusas.
Escoto propone la necesidad intelectual de profundizar en el concepto de  experiencia. Pero no  en  una  experiencia  cualquiera  (sensible,  científica,  intelectual),  sino  en  la  experiencia  de  lo necesario,  porque  sólo  este  tipo  de  experiencia  nos  lleva  a  la  experiencia  de  la  posibilidad  del  ser absoluto.
El Dios de Escoto, manifestado en el ejercicio intelectual de la idea de la posibilidad de los seres, personaliza en cada hombre la idea de Dios. Dios es cada hombre lo que el mismo hombre le permite  que  sea  y  según  las  propias  exigencias  de  búsqueda  y  de  encuentro.  Escoto  conoce  y reconoce  el  ocultamiento  y  el  silencio  de  Dios  en  el  hombre,  pero  no  porque  Dios  se  retire,  sino porque   el   hombre   mismo   se   retrae   a   las   exigencias   del   absoluto   y   a   los   imperativos   de ahondamiento en el propio entendimiento. La comprensión de Dios depende de la voluntad que urja o no al entendimiento para que profundice en sí y en la misma realidad de la vida.
Dios  no  está  más  allá,  sino  más  acá  como  fundamento  de  todo  lo  real  en  cuanto  posible. Dios  se  hace  incomprensible  cuando  se  abdica  del  entendimiento.  El  ateísmo  no  es  efecto  de  una agudeza  del  entendimiento  ni  resultado  de  la  profunda penetración  intelectual  en  el  mundo,  sino todo  lo  contrario:  es  una  irreflexión  y  una  desatención  intelectual  a  la  realidad.  Escoto  invita  al pensar  radical,  presentando  a  Dios  no  como  realidad-objeto  de  conocimiento,  sino  como  realidad-fundamento  de  la  existencia.  Dios  es  la  solución  del  problematicismo  de  la  existencia  humana  y mundana.
El   ocultamiento   o   el   silencio   de   Dios,   responsable   o   irresponsable,   consciente   o inconsciente,  es  una  consecuencia  de  que  ya  no  osamos  pensar  a  Dios  y  que  existe  esta  falta  de planteamiento  intelectual  de  ver  a  Dios  como  problema.  Al  final  de  la  historia  de  la  metafísica parece que Dios ha llegado a ser impensable. Pablo VI, en su Carta apostólica Alma parens(14-7-1966),  dice  que  «del  tesoro  intelectual  de  J.  Duns  Escoto se  pueden  tomar  armas  para  combatir  y alejar la nube negra del ateísmo que ofusca nuestra edad».

El cristocentrismo como visión mística del universo

El  beato  J.  Duns  Escoto  hacía  teología  por  exigencias  espirituales  y  científicas,  no  por simple prurito o curiosidad intelectual. Fiel discípulo de Francisco de Asís, se fijó de modo especial en el Jesús histórico, en su nacimiento, vida, pasión, muerte y resurrección, que lo asume en su vida de  fe  y  de  compromiso  religioso.  Y,  desde  esa  experiencia  vivida, hace  teología  y  trata  de  ofrecer una visión de Cristo dentro del plan salvador de Dios. La vida real e histórica de Jesús de Nazaret era  su  meditación  existencial  que  impulsaba  su  pensamiento  en  marcha  hacia  la  gran  visión  del cristocentrismo  como  postulado  teológico  para  una  comprensión  armónica  y  sinfónica  del  mundo, de la vida y de la historia.
El  Doctor  Sutil,  gran  atento  a  la  realidad  y  a  la  historia,  pone  de  relieve  la  humanidad  y radical  creaturalidad  de  Jesucristo,  su  ser  hombre,  sus  limitaciones  humanas,  su  realidad  histórica, sus  progresos  y  gradualidad  en  el  conocer.  «Se  dice  que,  de  este  modo,  Cristo,  por  vía  de  la experiencia,  aprendió  muchas  cosas,  es  decir,  por  conocimientos  intuitivos,  o  sea,  de  los  objetos conocidos  en  cuanto  a  su  experiencia  y  por  los  recuerdos  dejados  por  ellos»9.  Si  el  misterio trinitario  representa  la  suprema  unidad  en  la  vida  intravida  divina,  en  el  mundo  extradivino,  la máxima  unidad  está  constituida  por  la  unión  hipostática  de  las  dos  naturalezas  entrelazadas  en Cristo,  y  calificada por  el maestro  como  «la más  grande unión después de aquella de la Santísima Trinidad»10.
Si  Dios  es  amor  infinito,  quiere  ser  amado  libremente  por  otro  que  pueda  corresponder  a esas  exigencias  de  infinito.  Para  ello  prevé  quien  puede  hacerlo,  es  decir,  Cristo,  el  Verbo,  que asume la naturaleza humana y, en ella, a todos los hombres para que puedan participar de su gloria en el cielo. Y dado que ese hombre especial resume en sí a toda la creación, ésta concluye en Dios a través de Cristo11. Haciendo de Cristo la razón de todo lo creado, Escoto se alinea perfectamente en la perspectiva de S. Pablo (Col 1, 15-17).
El Doctor Sutil acentúa que Cristo es el centro primordial y de interés de la manifestación de la gloria divina ad extra. El cristocentrismo escotista sostiene y defiende que Cristo es el arquetipo y  el  paradigma  de  toda  la  creación.  Él  es  la  obra  suprema  de  la  creación,  en  la  que  Dios  puede espejearse adecuadamente y recibir de él la glorificación y el honor que se merece. Cristo es la cima de la pirámide cósmica como síntesis conclusiva y perfeccionadora de todo lo creado.
El  cristocentrismo  escotista  ofrece  una  visión  mística  del  universo.  El  mundo  se  presenta como  un  diáfano  sacramento  de  la  divinidad,  un  gran  altar  donde  se  celebra  la liturgia  de  la eucaristía  porque  en  ambas  está  la  gran  presencia  del  Cristo.  Esa  comunión  y  vinculación  entre  la liturgia  cósmica  y  la  eucarística  las  vivió  Francisco  de  Asís  en  perfecta  armonía,  transformada  en canto.  Pero  su  hijo  escocés  logró  transcribir  ese  misterio  crístico  en  una  maravillosa  página  de teología mística. El cosmos entero es un gran trasunto transparente de la divinidad, porque todo en él  es  presencialidad  de  su  autor  y  lenguaje  evocador.  Todo  el  universo  glorifica  a  Dios  porque tiende hacia  Él,  causa  eficiente  y  final  ciertamente,  pero,  sobre  todo,  porque  está  dotado  de  un impulso intrínseco que lo encamina hacia una meta convergente, al Cristo omega.

La persona humana como ensimismamiento y alteridad

A  Escoto  no  le  satisface  la  clásica  definición  de  Boecio  sobre  la  persona  en  cuanto «sustancia individual de naturaleza racional» y prefiere la de Ricardo de San Víctor quien presenta a  la  persona  como  «existencia  incomunicable  de  naturaleza  intelectual»12.  Para  el  Doctor  Sutil  la persona  se  caracteriza  como ultima  solitudo.  «La  personalidad  exige  la ultima  solitudo,  estar  libre de  cualquier  dependencia  real  o  derivada  del  ser  con  respecto  a  otra  persona»13. Una cierta incomunicabilidad va ligada a la  existencia humana. La independencia personal es  «lo más»14 que puede lograr para sí en su estado existencial y en su estadio itinerante. De este modo, la soledad es el profundo encuentro con uno mismo. La soledad no es vacío sino plenitud.
En  la  profundidad  más  íntima,  la  persona  humana  experimenta  y  vive  el  misterio  de  cada hombre,  de  todos  los  hombres,  y,  con  ellos,  se  comunica.  Por  eso,  puede  afirmarse  que  lo verdaderamente solitario es solidario, que la soledad es solidaridad. El yo, en su profunda soledad, es  siempre  solidaridad  de  un  tú,  de  un  nosotros.  Por  eso,  Escoto  no  se  contenta  con  subrayar  la categoría  aparentemente  negativa,  como  es  la  incomunicabilidad,  sino  que  acentúa  el  otro  aspecto claramente  positivo,  consistente  en  un  dinamismo  de  trascendencia,  en  una  relación  vinculante, pues  «la  esencia  y  la  relación  constituyen  la  persona»15.  La  persona,  pues,  es  estructuralmente relacional  y  vinculante  ya  que  está  óptica  y  constitutivamente  referida  y  abierta  a  Dios,  a  los hombres y al mundo.
El hombre escotista no se encierra en el solipsismo metafísico, tentación permanente de las filosofías  idealistas,  sino  que  aparece  claramente  como  apertura  y  relación,  como  ser  indigente  y vinculante.  El  hombre  escotista  lleva  en    gran  impulso  y  dinamismo  que  se  expresa  como inacabado deseo o como razón desiderativa. Y, por ello, en actitud siempre abierta.
La persona humana necesita descubrir la propia subjetividad  y profundizar en ella. Pero no puede encerrase en la subjetividad, sino que debe abrirse a la alteridad. Pertenencia y referencia son dos  categorías  existenciales  que  presuponen  la ultima  solitudo y  la  relación  trascendental.  Escoto, con  intuición  genial,  se  adelantó  a  la  filosofía  dialógica  que  tanta  importancia  tiene  en  las antropologías actuales.

El saber para bien vivir

El pensamiento escotista está muy lejos de ser un conjunto artificioso de sutilezas atrevidas, como  le  han  acusado  sus  adversarios,  sino  que  eminentemente  es  práctico,  en  cuanto  que  trata  de conocer y clarificar el fin último del hombre y proporcionar los medios adecuados para conseguirlo. Toda  su  especulación  filosófico-teológica  desemboca  en  una  actitud  existencial  y  en  un  orden práctico: una ética de la acción. Se trata de una moral del encuentro y de la existencia comunicativa.
Escoto  parte  del  principio  teológico de  que  el  amor  divino  ha  trascendido  lo  infinito  para vincularse  con  lo  finito.  Como  contrapartida  sólo  el  amor  humano  de  la  voluntad  libre  podrá trascender  lo  finito  vinculándose  con  lo  infinito.  Se  trata,  en  definitiva,  de  una  ética  de  amor.  El Doctor Sutil pensó profundamente porque amó en profundidad, pero con un amor concreto, como él mismo  lo  define:  «Se  ha  probado  que  el  amor  es  verdaderamente  praxis»16.  Desde  esta  praxis  se comprende  y se  explica  cómo el hombre debe actuar  y vivir  en su ser  y  estar en  el mundo  y  en la sociedad.
Es  práctico  todo  acto  que  proviene  del  querer  de  la  voluntad,  pero  con  la  condición  de conformarse  a  la  recta  razón.  Ello  implica  claramente  la  conformidad  de  la  voluntad  a  una  ley, dándose, de ese modo, una identidad entre lo práctico y lo normativo17. La voluntad es una potencia indeterminada  que  se  autodetermina  por    misma.  Sin  embargo,  la  libertad  no  es  arbitraria  ni irracional. De hecho, la voluntad es el vértice del entendimiento racional. La libertad se realiza en la autodeterminación de la voluntad natural  y racionalmente orientada hacia el bien. La acción buena es aquella que corresponde a un acto de la voluntad conforme a la recta razón.
La  voluntad  escotista  es  capaz  de  determinarse  por  encima  de  cualquier  interés  y de valorarla  en  una  ética  del  desinterés.  Escoto  ofrece  una  filosofía  de  la  libertad  al  interior  de  una teología  que  admite  la  posibilidad  natural  de  amar  a  Dios  por    mismo,  y  al  margen  de  toda motivación interesadamente egoísta.
El Doctor Sutil nos ofrece la espléndida articulación de un humanismo cristiano, en donde el saber está  al servicio del bien vivir  y del buen convivir, es decir, de una sociedad justa, pacífica  y fraterna.

Conclusión

Juan  Duns  Escoto,  hijo  fiel  y  seguidor  coherente  de  S.  Francisco,  ofrece  profundos, iluminadores   y   vitales   presupuestos   doctrinales   para   una   auténtica   y   robusta   espiritualidad franciscana,  como  lo  demuestra  claramente  su  bello  y  orientador  tratado  sobre  las  virtudes teologales, que él supo encarnar en la vida cotidiana con sencillez y gran humanidad.
El Doctor Sutil y Mariano entra de lleno en la rica corriente de la espiritualidad franciscana, en la que vive, se inspira y gesta su pensamiento filosófico-teológico. Lo mismo que el fundador de la familia franciscana, el beato Juan Duns Escoto ha conseguido sincronizar armónicamente vida y pensamiento, mística y trabajo, contemplación y acción, persona y comunidad, ser y hacer.
Escoto logró, con  gran humildad  y audacia, poner la sutileza de su pensamiento al servicio de la causa de Dios, del hombre y de la vida. Su grandiosa visión de la historia de la salvación, con su  dinamismo  de  perfección  y  de  consumación  en  el  Cristo  omega,  puede  ser  el  fundamento filosófico-teológico  para  elaborar  una  mística  cósmica,  una  ecología  planetaria  y  una  teología  del futuro.
Sus  amplias  perspectivas  antropológicas  y  cristológicas  ofrecen  al  hombre  actual  nuevos horizontes de pensamiento y de acción, criterios válidos para orientarse hacia el futuro esperanzador y comportamientos fraternos hacia el humanismo integral de rostro humano y civilizado.
Filósofo y teólogo, audaz y comprometido, que piensa, razona y actúa desde la problemática concreta de su época; pero, trascendiendo su propia circunstancia cultural, es aún vigente para poder afrontar con lucidez y sin complejos la permanente problemática humana.
El  pensamiento  escotista  está  expresado  en  clave  de  esperanza.  Mira  al  pasado  para aprender,  analiza  el  presente  para  actuar,  pero  espera  en  el  futuro  para  clarificar.  Con  expresión lapidaria y fecunda dice que «en el desarrollo de la historia humana crece siempre el conocimiento de  la  verdad»18.  Es  todo  un  postulado  para  la  interpretación  de  una  filosofía  de  la  cultura  como realidad haciéndose.
Si  san  Buenaventura  ha  sido  definido  como  «el  segundo  príncipe  de  la  escolástica»,  Duns Escoto  es  considerado  como  su  perfeccionador  y  el  representante  más  cualificado  de  la  escuela franciscana19. Esperamos  que  este  VII  centenario  de  la  muerte  del Doctor  Sutil y Mariano sea  un gran  revulsivo  en  los  centros  franciscanos  de  estudio  porque  su  mensaje  es  aún  futuro.  Si  Juan Pablo II, en su discurso en la catedral de Colonia (1980) lo definió como «torre espiritual de la fe», es  para  los  franciscanos  la  invitación  a  descubrir  un  pensamiento  fecundo  en el  diálogo  con  la cultura de nuestro tiempo.

Roma, 8 de noviembre 2008
Fiesta del Beato Juan Duns Escoto

Fr. José Rodríguez Carballo, OFM,  Ministro general. Presidente de turno
Fr. Marco Tasca, OFM Conv Ministro general
Fr. Mauro Jöhri, OFMCap Ministro general
Fr. Michael Higgins, TOR Ministro general

Santa Isabel de Hungría - 17 de Noviembre. Patrona de la TOR.

Cada 17 de noviembre la Iglesia celebra a Santa Isabel de Hungría, una joven madre que aprovechó su condición de nobleza para ayudar a Cristo en los más pobres. Al morir, se apareció y dijo que iba para la gloria y que había muerto para la tierra.


Lecturas en La Solemnidad de Santa Isabel de Hungría

El sol brilla en el cielo del Señor, la mujer bella en su casa bien arreglada

Lectura del libro del Eclesiástico 26:1-3,15-18, 24

Feliz el marido de mujer buena, el número de sus días se duplicará.
Mujer varonil da contento a su marido, que acaba en paz la suma de sus años.
Mujer buena es buena herencia, asignada a los que temen al Señor:
Gracia de gracias la mujer pudorosa, no hay medida para pesar a la dueña de sí misma.
Sol que sale por las alturas del Señor es la belleza de la mujer buena en una casa en orden.
Lámpara que brilla en sagrado candelero es la hermosura de un rostro sobre un cuerpo esbelto.
Columnas de oro sobre bases de plata, son piernas esbeltas sobre pies firmes.

O también:


Tiene puesta su esperanza en el Señor y persevera en sus plegarias y oraciones noche y día

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 5:3-10

Querido hermano:

Honra a las viudas, a las que son verdaderamente viudas. Si una viuda tiene hijos o nietos, que aprendan éstos primero a practicar los deberes de piedad para con los de su propia familia y a corresponder a sus progenitores, porque esto es agradable a Dios.
Pero la que de verdad es viuda y ha quedado enteramente sola, tiene puesta su esperanza en el Señor y persevera en sus plegarias y oraciones noche y día. La que, en cambio, está entregada a los placeres aunque viva, está muerta.
Todo esto incúlcalo también, para que sean irreprensibles. Si alguien no tiene cuidado de los suyos, principalmente de sus familiares, ha renegado de la fe y es peor que un infiel.
Que la viuda que sea inscrita en el catálogo de las viudas no tenga menos de sesenta años, haya estado casada una sola vez, y tenga el testimonio de sus buenas obras: haber educado bien a los hijos, practicado la hospitalidad, lavado los pies de los santos, socorrido a los atribulados, y haberse ejercitado en toda clase de buenas obras.

Salmo responsorial Sal.31:4-5, 8-9, 20, 24-25

R. Oh Dios, tú eres mi roca y mi baluarte.

Tú eres mi roca y mi baluarte,
por tu nombre, dirígeme y guíame.
Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo. R.

¡Exulte yo y en tu amor me regocije!
Tú que has visto mi miseria,
y has conocido las angustias de mi alma,
y has puesto mis pies en campo abierto. R.

¡Qué bondad tan grande, Señor!
Reservas para tus fieles,
y concedes a los que a ti se acogen,
a la vista de todos. R.

Amen al Señor, todos sus amigos;
a los fieles protege el Señor,
¡Valor, que nuestro corazón se afirme,
ustedes todos que esperan en el Señor! R.

Aleluya Sir. 26, 21-22

Aleluya, aleluya
El sol brilla en el cielo del Señor; la mujer bella, en su casa bien arreglada. Aleluya.


Cada vez que lo hicieron a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron

+ Lectura del Santo evangelio según san Mateo 25:31-40

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras.
Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Vengan, benditos de mi Padre, reciban la herencia del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era forastero, y me acogieron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y vinieron a verme."
Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?"
Y el Rey les dirá: "En verdad les digo que cuanto hicieron a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron."
Palabra del Señor.

Santa Isabel de Hungría. La que acabó de morir para la tierra.

Hija del rey de Hungría, nació en 1207 y fue dada en matrimonio a Luis Landgrave de Turingia. Por ello, desde muy temprana edad sus padres la enviaron al castillo de Wartburg para que se educase en la corte de Turingia con el que sería su esposo. Allí tuvo que soportar incomprensiones por su bondad.
Su prometido, cada vez que pasaba por la ciudad, le compraba algo a la Santa y se lo entregaba muy respetuosamente. Más adelante el joven heredó la “dignidad” de Landgrave y se casó con Santa Isabel. Dios les concedió tres hijos.
Luis no ponía impedimento para las obras de caridad de la Santa, pero por las noches, cuando ella se levantaba a orar, su esposo le agarraba la mano con miedo a que tantos sacrificios le hagan daño y le suplicaba que volviera a descansar.
Por un tiempo, el hambre se hizo sentir en esas tierras y Santa Isabel se gastó su dinero ayudando a los pobres y el grano que estaba reservado para su casa. Esto le valió grandes críticas. Como el castillo quedaba sobre una colina, construyó un hospital al pie del monte para dar de comer a los inválidos con sus propias manos, y pagaba la educación de los niños pobres, especialmente de los huérfanos.
Luis murió en una de las cruzadas, víctima de la peste, y Santa Isabel sufrió mucho. Luego su cuñado se apoderó del gobierno y ella tuvo que mudarse. Más adelante, cuando sus hijos tenían todo lo necesario, tomaría el hábito de la tercera orden de San Francisco.
Su sacerdote confesor la sometió a grandes sacrificios como el despedir a sus criados que más quería. Hilaba o cargaba lana, ayudaba a los enfermos, vivía austeramente y trabajaba sin descanso. Partió a la Casa del Padre al anochecer al 17 de noviembre de 1231.
Se dice que el mismo día de su muerte, un hermano lego se había destrozado un brazo en un accidente y sufría en cama con los dolores. En eso se le apareció Santa Isabel con vestidos radiantes y el hermano le preguntó el porqué estaba tan hermosamente vestida. A lo que ella respondió: “es que voy para la gloria. Acabo de morir para la tierra. Estire su brazo ya que ha quedado curado”.
Dos días después del entierro llegó un monje cisterciense al sepulcro de Santa Isabel y se arrodilló para pedirle a la Santa que intercediera para curarse de un terrible dolor de corazón. De un momento a otro quedó completamente curado de su enfermedad.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Domingo XXXII del Tiempo Ordinario - A

La encuentran fácilmente los que la buscan

Lectura del libro de la Sabiduría 6,12-16

La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean. Quien madruga por ella no se cansa: la encuentra sentada a la puerta. Meditar en ella es prudencia consumada, el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones; ella misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen; los aborda benigna por los caminos y les sale al paso en cada pensamiento. Palabra de Dios

Salmo Responsorial Sal 62,2.3-4.5-6.7-8 



R/. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío


Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, 
mi alma está sedienta de ti; 
mi carne tiene ansía de ti, 
como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

¡Cómo te contemplaba en el santuario 
viendo tu fuerza y tu gloria! 
Tu gracia vale más que la vida, 
te alabarán mis labios. R/.

Toda mi vida te bendeciré 
y alzaré las manos invocándote. 
Me saciaré como de enjundia y de manteca, 
y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

En el lecho me acuerdo de ti 
y velando medito en ti, 
porque fuiste mi auxilio, 
y a la sombra de tus alas 
canto con júbilo. R/.



A los que han muerto, Dios, por medio de Jesús
los llevará con Él

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 4,13-17


No queremos que ignoren la suerte de los difuntos para que no se aflijan como los hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él. Esto es lo que les decimos como palabra del Señor: Nosotros, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Señor, no aventajaremos a los difuntos. Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al encuentro del Señor, en el aire. Y así estaremos siempre con el Señor. Consuélense, pues, mutuamente con estas palabras.
Palabra de Dios

Aclamación antes del Evangelio Mt 24,42a.44

Aleluya, aleluya. Estén vigilantes y preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del hombre. R. Aleluya


¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!


Lectura del santo evangelio según san Mateo 25,1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez muchachas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al novio. Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El novio tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el novio, salgan a recibirlo!" Entonces se despertaron todas aquellas muchachas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: "Dennos un poco de su aceite, que se nos apagan las lámparas." Pero las prudentes contestaron: "Por si acaso no hay bastante para ustedes y nosotras, mejor es que vayan a la tienda y se lo compren." Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos." Pero él respondió: "Les aseguro: no las conozco." Por tanto, estén atentos, porque no conocen el día ni la hora.» Palabra del Señor.


Comentario

1. Prepararse para despertar

1.1 La invitación de Jesús es clara: "Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora" (Mt 25,13). En esta parábola en particular Cristo admite que hay una especie de sueño que nos envuelve a todos, porque la diferencia entre unas y otras doncellas no está en que unas durmieron y otras no. Lo que las diferencia no es en este caso el sueño sino cómo se dispusieron para la hora del banquete, es decir: cómo prepararon su despertar.

1.2 Algunas simplemente no prepararon su despertar. El cansancio, el hastío o la oscuridad de la noche les ganaron y ellas pasivamente entregaron al sueño sin pensar qué podría suceder después. Otras en cambio, aunque sintieran que la noche les podía vencer, hicieron acopio de aceite, de modo que al despertar pudieran contar con algo para vencer a la noche. Es un asunto de conciencia: unas fueron conscientes de que podían dormirse, y tomaron medidas al respecto; otras sencillamente se dejaron ganar del sueño.

1.3 Para nosotros, ¿qué es preparar el despertar? Depende de qué sueño estemos hablando. Uno puede pensar en el sueño de la muerte, cosa que suena muy concorde con el tono escatológico de estos capítulos finales del evangelio de Mateo. Quienes se dejan llevar por este sueño son quienes extinguen su mirada sobre este mundo como si nada realmente fuera a suceder después. Quienes, por el contrario, son previsivos, guardan aceite, que es una manera de guardar luz. Aunque su cuerpo sea vencido por el sueño, hay un poco de luz que no duerme con ellos. ¿Qué luz estamos guardando? ¿Qué puede alumbrar en nosotros cuando ya nos hayamos dormido, esto es, cuando ya la muerte nos haya sometido a su poder?

2. Buscar la sabiduría

2.1 La primera lectura nos habla también de la luz: "radiante e incorruptible es la sabiduría" (Sab 6,12). La sabiduría es incorruptible; es un género de luz que corresponde bien al aceite de que nos habló el evangelio, porque aunque el sueño de la muerte nos atrape, la sabiduría no está sujeta al imperio de la muerte y puede estar con nosotros cuando se escuche la voz: "...¡llega el esposo!" (Mt 25,6).

2.2 Vale la pena recordar que esta sabiduría es mucho más que conocimiento. No se trata de erudición o de capacidad intelectual, aunque tampoco riñe con ellas. Esta sabiduría sale al encuentro de quienes la buscan " y colabora con ellos en todos sus proyectos" (Sab 6,16). Consiste más, entonces, en una ciencia para la vida, un saber vivir. Por consiguiente el mensaje sería: saber vivir el camino de esta vida que prepara la vida que vendrá después de este camino.

3. Entrar al banquete

3.1 Por otro lado, no podemos perder de vista qué rostro tienen la hora y el encuentro finales en esta parábola del Señor. Todas aquellas doncellas estaban invitadas a un banquete de bodas. Todas estaban aguardando al Novio. Este cuadro proviene de las costumbres judías de aquella época pero conserva su validez y una fuerza alegórica inmensa en todos los tiempos. Esperar al Novio es esperar un gozo que no tiene semejante en esta tierra. Las bodas son el día de la alegría, según expresión del Cantar de los Cantares (3,11).

3.2 Nosotros, pues, no esperemos en el vacío o en la incertidumbre. Somos llamados a compartir el día del gozo del Novio, el día de la alegría de Cristo. En la intimidad de un banquete, que se anticipa en esta cena eucarística, Cristo nos dará a saborear el gozo de su corazón ante la belleza de su Novia, la Iglesia.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Domingo XXXI del Tiempo Ordinario - A

Se apartaron del camino, han hecho tropezar 
a muchos en la ley

Lectura de la profecía de Malaquías 1,14–2,2b.8-10

«Yo soy el Gran Rey, y mi nombre es respetado en las naciones –dice el Señor de los Todopoderoso–. Y ahora les toca a ustedes, sacerdotes. Si no me obedecen y no se proponen honrarme a mi nombre –dice el Señor Todopoderoso–, les enviaré mi maldición. Se apartaron del camino, han hecho tropezar a muchos con su doctrina, y pervirtieron la alianza con Leví –dice el Señor Todopoderoso–. Por eso yo les haré despreciables y viles ante todo el pueblo, por no haber seguido mis caminos, por no haber seguido mis caminos y por no tratar a todos por igual cuando enseñan a la gente. ¿No tenemos todos un solo padre? ¿No nos creó un mismo Dios? ¿Por qué uno traiciona a su hermano profanando la alianza de nuestros antepasados?»
Palabra de Dios

Salmo responsorial Sal 130,1.2.3

R/. Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad. R/.

Sino que acallo
y modero mis deseos,
como un niño
en brazos de su madre. R/.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre. R/.

Deseábamos entregarles no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 2,7b-9.13

Nos portamos con ustedes con toda bondad, como una madre que acaricia a sus criaturas. Sentíamos tanto afecto por ustedes, que estábamos dispuestos a entregarles no sólo la Buena Noticia de Dios, sino también nuestra propia vida: tanto los queríamos. Recuerden, hermanos, nuestros esfuerzo y fatiga: noche y día trabajamos para no serles una carga, mientras les proclamábamos la Buena Noticia de Dios. Por eso también nosotros damos siempre gracias a Dios, porque, cuando escucharon la Palabra de Dios que les predicamos, la recibieron, no como palabra humana, sino como realmente es, palabra de Dios, que actúa en ustedes, los creyentes.
Palabra de Dios

No hacen lo que dicen

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 23,1-12

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Ustedes hagan y cumplan lo que ellos digan; pero no los imiten, porque dicen y no hacen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Ustedes, en cambio, no se dejen llamar maestro, porque uno solo es su maestro, y todos ustedes son hermanos. Y no llamen padre suyo a nadie en la tierra, porque uno solo es su Padre, el del cielo. No se dejen llamar consejeros, porque uno solo es su consejero, Cristo. El primero entre ustedes será su servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
Palabra del Señor

Comentario

1. Cuando los guías se extravían

1.1 La primera lectura y el Evangelio de hoy nos presentan un hecho triste pero real: sucede a veces que nuestros guías pierden el camino. Los que debían acercarnos hacia Dios llevan una vida lejos de Dios. ¿Cómo afrontar esta situación?

1.2 Observemos que en estos textos particulares que estamos comentando, Dios, más que encarar a sus pastores, en esta ocasión quiere que nosotros como pueblo suyo sepamos qué debemos hacer cuando los pastores no parecen representar de ningún modo al Dios vivo y santo en quien creemos. Hay otros textos dirigidos a los pastores, pero eso no quita que nosotros como ovejas del rebaño del Señor, debemos saber qué hacer, sin limitarnos a denigrar de quienes nos dirigen, y sin pretender disculpar nuestras faltas en las faltas de los que están delante de nosotros.

1.3 El punto central es ese: el pecado de tu pastor no disculpa tu pecado; aun si tu pastor es indigno del Dios a quien dice servir, ello no te exime de ser digno de ese Dios a quien dices pertenecer.

2. Distinguir palabras y obras

2.1 Jesús nos da una clave fundamental: hay que saber distinguir las palabras y las obras. Con referencia al proceder hipócrita de los fariseos dice: "Hagan todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra" (Mt 23,3). Es como si nos dijera: "las obras malas no implican palabras falsas ". Para la mayoría de nosotros el criterio es que las obras malas desacreditan a las palabras, aunque éstas sean buenas. Jesús no quiere que nosotros utilicemos ese criterio cuando se trata de nuestros pastores. Un pastor puede estar llevando una mala vida y sin embargo decirnos una palabra que mejora nuestra propia vida.

2.2 En la historia de la Iglesia este caso se ha dado más de una vez. La Iglesia ha tenido pastores seriamente indignos de sus responsabilidades, y sin embargo ha encontrado que en muchos de ellos sucedió que sus palabras tenían la luz o la firmeza que se necesitaba en el momento. Caso típico son algunos de los sumos pontífices del Renacimiento: su vida era peor que escandalosa, pero su doctrina en las cosas esenciales de la fe supo mantenerse en el punto justo.

2.3 ¿Por qué sucede así? Si lo pensamos bien, no es extraño. De hecho, nuestras palabras y pensamientos son de modo ordinario superiores a nuestra conducta. Los pensamientos son espejo de nuestros ideales, que por lo general son mayore sy mejores que nosotros. Cuando seguimos las palabras de los superiores estamos siguiendo lo mejor que ellos tienen, aunque ellos mismos no lo alcancen.

3. Recibir la palabra como Palabra de Dios

3.1 En este punto cabe relacionar el tema principal de estas lecturas (la primera y el Evangelio) con la segunda, tomada de la Carta de san Pablo a los Tesalonicenses. El apóstol, como haciendo ocntraste a lo que venimos comentando, describe su misión con término emotivos y hermosos: " los tratamos con la misma ternura con la que una madre estrecha en su regazo a sus pequeños. Tan grande es nuestro afecto por ustedes, que hubiéramos querido entregarles, no solamente el Evangelio de Dios, sino también nuestra propia vida, porque han llegado a sernos sumamente queridos" (1 Tes 2,7-8).

3.2 Ese amor, delicado y fuerte a la vez, es propio de lo que el Papa Juan Pablo II ha llamado la "caridad pastoral". Es el estilo propio de un verdadero pastor. El efecto de esta caridad lo cuenta también Pablo: "al recibir ustedes la palabra que les hemos predicado, la aceptaron, no como palabra humana, sino como lo que realmente es: palabra de Dios" (1 Tes 2,13). De aquí una amonestación para el pastor: ¿cuál es la calidad de tu amor? Pero también una invitación para el pueblo fiel: ¿buscas en la palabra de tu pastor, ante todo y sobre todo la palabra de Dios?

4. La humildad

4.1 Cristo, con gesto profético, invita a abolir el amor a los privilegios. Pablo nos invita a purificar y levantar el amor a las personas. Estas dos invitaciones se encuentran y abrazan en tierras de la humildad. Esta es la virtud que hermana. Más allá de nuestros títulos, posición social o nivel económico, ¿qué somos? Hombres y mujeres necesitados todos de redención, de comprensión, de caridad.

4.2 La humildad, pues, es el secreto de la caridad pastoral. Es también la clave interpretativa indispensable para acercarse a la donación de Cristo. La humildad, enseña santa Catalina, es la tierra donde brota la caridad; la caridad se vuelve donación, entrega, oblación, eucaristía.



ORACIÓN POR LOS DIFUNTOS

  ORACIÓN EN EL VELORIO En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Bajen santos de Dios, salgan al paso, ángeles de Señor, ...